La
literatura latinoamericana
A
través de su larga historia de vecindad continental, Brasil y los países
hispanoamericanos se han desconocido mutuamente en lo que respecta a la
traducción de buena parte de su producción narrativa y textual. Aparte de los
grandes autores del boom latinoamericano y una que otra labor de grupos
de poetas, escritores o investigadores que cruzan las fronteras académicas y
culturales entre los países, la traducción al interior del continente no se ha
constituido como una práctica capaz de tender puentes y superar las distancias
que se trazaron entre los pueblos que compartían el territorio americano al sur
de la línea del Ecuador. Algunos autores afirman que ese mutuo desconocimiento
traductorio es resultado, entre otros elementos, de una difusa certeza las
lenguas española y portuguesa no serían tan distintas entre sí, sino que al
compartir un repertorio de palabras y enunciados tan parecidos en el plano
morfosintáctico, su traducción se revelaría una práctica desprestigiada, por
innecesaria, en ambos lados de las fronteras.
Así,
desde una traducción precaria entre dos mundos de gigantescas dimensiones no
sólo geográficas, sino culturales e históricas y una labor intelectual que
fraguó el concepto de literatura latinoamericana, hoy día universalmente
adoptado como referente teórico, aunque igualmente de reconocida insuficiencia
como elemento capaz de ofrecer un mapa adecuado de la heterogeneidad
continental, empezamos ese recorrido intentando aclarar el sentido primero que
el término América Latina conlleva en su convocatoria, para enseguida buscar
entender cómo se articulan las literaturas nacionales en su interior. Desde
luego que la hipótesis que orienta este trabajo ya se manifestó en la última
parte de la oración anterior, cuando planteamos la existencia de literaturas
nacionales (peruana, paraguaya, brasileña etc.) con sus distintos estadios de
desarrollo vinculadas al de las culturas y sociedades que representan, como
constructos suficientes y plenos para el acercamiento a la literatura que se
produce en sus territorios.
América
Latina, un concepto en construcción
El
origen del nombre l'Amérique Latine aparece en la segunda mitad del
siglo XIX, en Francia, como resultante de la estrategia de proposición de “un
programa de acción para incorporar el papel y las aspiraciones de Francia hacia
la población hispánica del Nuevo Mundo”, y demarca el paso a un nuevo estado
conceptual, que fija la descendencia latina en base al referente
histórico-político, según John Phelan.
Esa política
panlatinista que sostenía sus principios fundados en la “unidad lingüística y
en el catolicismo romano” y buscaba “promover la homogeneidad cultural y
política del llamado Mundo Latino, bajo el liderazgo paternalista de Francia”,
consistía en el envío de tropas para defender los intereses franceses en el
continente, alrededor de 1860, frente a la amenaza de
invasión de México
por los Estados
Unidos norteamericanos. La empresa se reveló un fracaso pero el
panlatinismo solo vino a reafirmar que “América
es, entre otras muchas cosas, una idea creada por europeos, una abstracción
metafísica y metahistórica, al mismo tiempo que un programa práctico de
acción”, cuyas “imágenes europeas del Nuevo Mundo encuentran sus símbolos apropiados en
los diversos nombres bajo los cuales América ha sido conocida”.
A lo largo del siglo XX, el término América Latina pasa a expresar su
diferencia frente a Norteamérica tomando a sí lo que Alberto Moreiras llamó una
“representación comprometida”, al hacer referencia a la constitución del
latinoamericanismo académico norteamericano, por presentarse como la idea de la
“reivindicación de la diferencia cultural que necesita resistir a la
asimilación por la modernidad eurocéntrica”. Determinada en muchos casos por un
análisis marxista de la historia, esa modalidad narrativa se olvidará, sin
embargo, de que su constitución también ha sido parte estructurante de la
modernidad a la cual pretende oponerse.
Desde
el americanismo de José Enrique que se erige en 1953 contrapunto al
panamericanismo norteamericano, al “nuestro americanismo” de Roberto
Fernández Retamar, que reivindica un recomienzo cultural a partir del punto
cero de la historia instaurado por la revolución cubana, al inicio de los años
setenta, el continente latinoamericano se vuelve así “uno de los campos de
batalla en que los distintos sujetos combaten por la construcción de su
proyecto, en función de sus particulares memorias”. En ese sentido, la opción
de Richard Morse por el término Iberoamérica, en lugar de América Latina, en su
libro O espelho de Próspero , señala hacia un intento de superar las
ultrapasadas categorías “eurocéntricas y bonapartistas” que a su parecer
empañan los análisis planteados desde los varios enclaves discursivos.
Sea
el continente descrito como un “territorio imaginario” o una “categoría
de conocimiento”, lo seguro es que la construcción de la “unidad de América
Latina ha sido y sigue siendo un proyecto del equipo intelectual propio,
reconocida por un consenso internacional”; que a pesar de las dificultades
insiste “en nadar contra la corriente” y desea “convertirse en forjadora de una
tradición cultural”.
Actividad
Investiga acerca de la Literatura Latinoamericana y realiza una
infografía basada en la línea del tiempo de aquella.
[1]Lo que, durante muchos años,
se consideró literatura latinoamericana fue la escrita en español a partir de
la llegada de los conquistadores al continente, pues se olvidó la que habían
producido los aborígenes y que expresaba su realidad y problemática. La producción
literaria de las principales culturas aborígenes es conocida como “literatura
precolombina”, esto es, anterior a la llegada de Colón, o “textualidades
indígenas”. Entre estas obras cabe destacar la poesía azteca, los relatos
mayas y el teatro inca. Uno de los tópicos de estas textualidades indígenas son
las cosmogonías (relatos que tratan sobre el nacimiento del mundo), como el Popol
Vuh de los maya-quichés.
Así,
los pueblos originarios de este continente antes del año 1492 poseían sus
formas materiales y simbólicas de apropiación de su mundo, que
respondían a sus horizontes de expectativas adecuadas a sus posibilidades de
existencia. Tenían sus "literaturas", "historias",
"mitos", "dioses" y "demonios",
entre otros. Es decir, sus cosmovisiones de mundo respondían a sus
posibilidades materiales de existencia.
Además,
se habla de "pueblos" en plural, puesto que en la América Latina
antes del siglo XV europeo, en este continente extendido del norte al sur del
planeta la heterogeneidad imperante era realmente basta. Convivían en un
espacio territorial tan extenso articulaciones sociales desde imperios hasta
tribus nómades, pueblos arcaicos y pueblos de avanzada. El espacio estaba
configurado por diversas zonas de influencia; dichas zonas son conocidas como:
Mesoamericana, Andina e Intermedia. Es decir, lo que encontraron los europeos
al acceder al continente fue un rico tejido social cuyas diversas expresiones
socio-históricas registraban la profunda complejidad humana posible. No
obstante, el imaginario del conquistador europeo encuadró falsamente una
homogeneidad, no sólo entre las diversas configuraciones sociales, sino una
especie de mimesis mágica entre los originarios y el paisaje circundante.
Es
pertinente aquí establecer qué se entiende por textualidades o literaturas.
Estas las consideraremos como condensación de articulaciones de espacios
epistémicos (de conocimiento) o materialización de formas discursivas que
corresponden a formas específicas de ideologías que a su vez se ven condicionadas
por formas materiales de producción de grupos humanos sociohistóricamente
constituidas. Es decir, un "texto" literario resulta un
espacio de cruce de prácticas sociales reales.
Por ende, toda
manifestación literaria se articula profundamente con su contexto
sociohistórico y al estar inserto allí, su expresión responde a las
contradicciones internas y externas de su producción. Toda obra literaria entra
en diálogo con su tiempo, su contexto, sus productores, sus receptores, su
pasado inmediato y lejano, sus posibles futuros interlocutores; sea en
consonancia o en tonos contradictorios. Este diálogo se
manifiesta como una toma de posición frente al mundo, al conjunto social, al
individuo. Reproduce o es contestario.
Entonces, las literaturas se constituyen en prácticas e
institucionalizaciones objetivas de producción y reproducción de prácticas
discursivas contradictorias, es decir, de grupos humanos en contradicción. Un
texto literario expresa y condensa cosmovisiones de grupos sociohistóricos, que
tratan de dar sentido a sus existencias; acusa José Miguel Oviedo respecto al
corpus multilingüístico indígena:
"El
natural impulso de todo pueblo por lo fabuloso y lo extraño fue particularmente
fecundo entre las sociedades indígenas americanas: una red de creencias y
prácticas mágicas sostenía su concepción del mundo y les permitía comprenderlo
y así conjurarlo. Querían testimoniar su presencia en el cosmos y conservar una
relación armónica con él; todo tenía para ellos un sentido misterioso, todo era
una cifra de su origen y su destino".
Dicha
afirmación debe ser tomada críticamente, –esta reproduce gran parte de la
discusión en juego en este campo investigativo–, al menos en tres corolarios de
discusión:
a)
Gesta un mito científico que ignora que todo grupo humano posee
acercamiento mágico-religioso a su entorno, y por ello, omite el pasado mágico
de los imaginarios europeos;
b)
Dichas cosmovisiones más allá de aspirar a un testimonio de presencia
responden a la necesidad de los seres humanos por dar sentido a sus
existencias;
c) Crea la falsa imagen de que
las cosmovisiones y sus materializaciones literarias se dirijan hacia lo
fabuloso y extraño, olvidando que lo realmente místico no es cómo sea el mundo,
sino que el mundo sea.
Oviedo señala
que al estudiar las literaturas prehispánicas debe considerarse al menos que:
a)
No se puede establecer una específica autonomía estética de estas
manifestaciones acorde a las funciones y categorías de una cosmovisión
judeo-cristiana occidental;
b)
Dichas expresiones responden a dar cuenta de las experiencias
colectivas, a tal punto que en muchos casos los autores o autor individual sea
acallado y sea la voz del pueblo la que cuenta sus vivencias (voces
heterogéneas, ajenas, palintextos) y;
c)
Esas literaturas al tener un fuerte aliento colectivo cumplían una
función social dentro de un contexto más vasto al de sus posibilidades, es
decir, conservaban la memoria de ciertos hechos, personajes y hechos.
En
otras palabras, en la América prehispánica se encuentran literaturas anónimas,
colectivas, sin una textualización en términos de su escritura.
Se puede asegurar la existencia antes de 1492 de literaturas, de
textualidades: bailes, códices, iconos, "trovadores". Sus
manifestaciones fonéticas por excelencia tenían un carácter onomástico o
topográfico; algunas otras manifestaciones ágrafas daban cuenta de emociones y
actitudes humanas. Todas estas textualidades tenían un carácter conservador de
la memoria como ya se ha mencionado y ello era así al ostentar la esencia viva
de sus respectivas culturas, lo fundamental de su experiencia histórica.
En
la actualidad recorrer hacia la sombra de la preconquista pasa necesariamente
por el proceso de alfabetización y domesticación de las literaturas
originarias. Allí reside con plena fuerza el sesgo del conquistador, las
contestatarias y otras sumisas "grafías" de los vencidos. No
obstante, es el camino.
Hablar de literaturas o
textualidades indígenas no es un mero ejercicio de arqueología cultural, sino
el reconocimiento de una configuración antropológica que enriquece y estimula
la creación literaria del presente, por lo menos donde los restos de esa
herencia no se han perdido del todo.
Lecturas
El
Popol Vuh o Popol Wuj (el nombre quiché se traduciría como: "Libro del Consejo" o "Libro de la Comunidad"), es una
recopilación de varias leyendas de los quiché, un pueblo de la cultura maya que
ocupó partes de Guatemala y de Honduras. Más que un sentido histórico, el libro
tiene valor e importancia en el plano religioso; de hecho, se le ha llamado el
Libro Sagrado o la Biblia de los maya-quichés.Es una narración que trata de
explicar o contar de alguna manera el origen del mundo, la civilización y los
diversos fenómenos que ocurren en la naturaleza.
La creación del mundo según el
Popol-Vuh
“Ésta es la
relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo
inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Ésta es la primera relación,
el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces,
cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el
cielo existía. No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en
calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido,
ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No
había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo
y tranquilo. No había nada dotado de existencia. Solamente había inmovilidad y
silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu,
Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban
ocultos bajo plumas verdes y azules.
Llegó aquí
entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gugumatz, en la oscuridad, en la
noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gugumatz. Hablaron, pues, consultando entre
sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.
Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera
debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los
árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la claridad en acción del
hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo,
que se llama Huracán.
El primero se
llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá.
Y estos tres son el Corazón del Cielo. Entonces vinieron juntos Tepeu y
Gugumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará
para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el
sustento.
—
¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y
desocupe el espacio, que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que
aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en
nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre
formado —así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos.
Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra:
—
¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha.
Como la
neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron
del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas. Solamente por un
prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los
valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la
superficie. Y así se llenó de alegría Gugumatz, diciendo:
—
¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú,
Chípi-Caculhá, Raxa-Caculhá!
—
Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron.
Primero se
formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de
agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas
quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas. Así fue la creación
de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la
Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo
estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua. De esta
manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar
sobre su feliz terminación.
Luego
hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los
bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres,
serpientes, culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos. Y dijeron
los Progenitores:
—
¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos?
Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.
Así dijeron cuando
meditaron y hablaron enseguida. Al punto fueron creados los venados y las aves.
En seguida les repartieron sus moradas los venados y a las aves:
—
Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí
estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en
cuatro pies andaréis y os tendréis. Y así como se dijo, así se hizo.
Luego designaron también su morada a
los pájaros pequeños y a las aves mayores:
—
Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí
haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas
de los árboles y de los bejucos. Así les fue dicho a los venados y a los
pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones
y sus nidos.
De esta
manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la
tierra. Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves,
les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y Formador y los
Progenitores:
—
Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra
especie, según la variedad de cada uno. Así les fue dicho a los venados, los
pájaros, leones, tigres y serpientes.
—
Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre,
vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá, el
Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra el Creador, el Formador, los
Progenitores; hablad, ínvocadnos, adoradnos!, les dijeron.
Pero no se
pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y
graznaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de
manera diferente. Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que
hablaran, se dijeron entre sí:
—
No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus
creadores y formadores. Esto no está bien, dijeron entre sí los Progenitores.
Entonces se les dijo:
—
Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos
cambiado de parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y
vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha
podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren,
haremos otros seres que sean obedientes. Vosotros, aceptad vuestro destino:
vuestras carnes serán trituradas. Así será. Ésta será vuestra suerte. Así
dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequeños y grandes que
hay sobre la faz de la tierra.
Así, pues,
hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador,
el Formador y los Progenitores.
—
¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; ¡hagamos al
que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados para ser
recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras
primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados
por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos
sustenten y alimenten. De este modo hicieron a los seres humanos que existen en
la tierra.”
“Y todo esto pasó con nosotros.
Nosotros lo vimos,
nosotros lo admiramos.
Con esta lamentosa y triste
suerte nos vimos angustiados.
En los
caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están
las casas, enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las
paredes están salpicados los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una
red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero
ni con escudos puede ser sostenida su
soledad.
Hemos comido
palos de colorín, hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe,
lagartijas, ratones, tierra en polvo, gusanos . . .
Comimos la
carne apenas, sobre el fuego estaba puesta. Cuando estaba cocida la carne, de
allí la arrebataban,
en el fuego mismo, la comían.
Se nos puso precio.
Precio del joven, del
sacerdote, del niño y de la doncella.
Basta: de un
pobre era el precio sólo dos puñados de maíz, sólo diez tortas de mosco;
sólo era
nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa.
Oro, jades, mantas ricas,
plumajes de quetzal,
todo eso que es precioso,
en nada fue estimado…”
7 Manuscrito
anónimo de Tlatelolco. Trad. de Angel María GARIBAY, en: La visión de los
vencidos.
Actividades
1- ¿Por qué los testimonios
indígenas pueden considerarse documentos coloniales? ¿Quiénes intervinieron en
su recopilación en las primeras décadas de la colonia y con qué propósito lo
hicieron?
2- Menciona dos libros del área maya-quiché y explica su contenido.
3- ¿Qué función tenían los
documentos pictográficos en la zona náhuatl? ¿Qué entendían los nahuas por
“cantar pinturas”?
4- ¿Cuáles son las teorías que hay sobre la identidad de los poetas de la
zona nahua?
5- ¿Qué entiendes por
“heterogeneidad cultural y qué papel desempeñan las textualidades indígenas en
la definición de este concepto?
6- ¿Qué entiendes por “tiempo cíclico” y cómo lo observamos en el Popol
Vuh?
7- ¿Qué otras historias de la
creación de la humanidad recuerdas y cómo se comparan con la de los “hombres de
palo”?
Las
crónicas de Indias
Las
crónicas son la primera manifestación literaria que tenemos en Hispanoamérica.
El autor quiere transmitir objetivamente el Nuevo Mundo. El tema principal es
el hombre y la realidad americana. Son obras literarias fruto del
descubrimiento y de la conquista; por ello, la literatura aquí es auxiliar de la
historia. Con lo que nos encontramos es con un primer mensaje histórico y el
primer testimonio literario.
Estas
crónicas eran el medio más objetivo para comunicar lo nuevo (iban encaminadas a
la historia, no a la literatura.). No todas las crónicas son iguales: unas
imitan a los clásicos, otras se decantan por las viejas crónicas españolas,
pero en general lo importante no es el estilo, sino que en cada una de ellas
nos encontramos con la interpretación de la realidad americana: hombre y
naturaleza nueva. Se nos ofrece una visión de esa nueva naturaleza como un
paraíso habitado por un hombre bueno. Cronológicamente, y teniendo en cuenta la
existencia de una superposición de movimientos (es decir, que coexisten
distintos movimientos en algunas etapas), podemos dividir las crónicas en:
- 1492-1542: Etapa de expansión
territorial de España: es el momento del impulso humanístico; en cierto
sentido se aparca la crónica medieval. Aquí nace la historiografía indiana, que
consiste en un grupo de crónicas que nos transmiten la historia.
1543-1592: Se puede hablar del comienzo
del siglo de oro en España. Con rigor científico y literatura con
preocupación por la historia indígena.
-
1593-1623: Auge de las letras y ciencias. En la iglesia hay un período renovador.
Hay una evangelización y aprendizaje de las lenguas indígenas por parte
de los peninsulares. En la época se habla de un auge de las letras y de las
ciencias. Existe un interés por parte de los españoles por integrar la cultura
hispánica en el Nuevo Mundo.
En
la etapa de expansión territorial se encuentran Cristóbal Colón (1451-1507) y
Hernán Cortés (1485-1547). Hay quien dice que el verdadero conquistador fue
Colón, pero no hay objetividad alguna; Colón vende a los europeos una América
como paraíso con hombres buenos ya que quería afianzar su fama como
descubridor.
La
obra de Colón la conocemos por su diario de viaje, el cual conservamos por Fray
Bartolomé de las Casas (quien lo trata en sus crónicas). En las cartas de Colón
se recoge la visión de lo que estaba ocurriendo y la gente que había allí. Se
conservan
17 ediciones de diferentes momentos y lugares. Se les ha dado el nombre de Diario
a bordo, y fueron escritas entre 1492 y 1493.
Cristóbal
Colón
(Génova[?]
1451 - Valladolid, 1506). El origen de este navegante, probablemente italiano,
está envuelto en el misterio por obra de él mismo y de su primer biógrafo, su
hijo Hernando. Parece ser que Cristóbal Colón empezó como artesano y
comerciante modesto y que tomó contacto con el mar a través de la navegación de
cabotaje con fines mercantiles. En 1476 naufragó la flota genovesa en la que
viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente
(Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial
de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra
e incluso Islandia (1477).
Luego
se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las
lenguas clásicas que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos
(tomando conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por
Aristóteles); y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época
(como el florentino Toscanelli).
De unos y
otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que
la costa oriental de Asia podía alcanzarse
fácilmente navegando hacia el oeste (ya que
una serie de cálculos erróneos le habían
hecho subestimar el perímetro del Globo y
suponer, por tanto, que Japón se encontraba a 2.400
millas marinas de Canarias, aproximadamente la situación
de las Antillas). Marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia
de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como
aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro
lado del Océano,
procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de
su propio suegro, colonizador de Madeira)
Con
todo ello, Colón concibió su proyecto de abrir una ruta naval hacia Asia por el
oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda y en el
doble error de suponerla más pequeña de lo que es e ignorar la existencia del
continente americano, que se interponía en la ruta proyectada. El interés
económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio
europeo con Extremo Oriente era extremadamente lucrativo, basado en la
importación de especias y productos de lujo; dicho comercio se realizaba por
tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses
llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa
africana (empresa que culminaría Vasco da Gama en 1498).
Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo rechazó
asesorado por un comité de expertos. Probó suerte entonces en España con el
duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que lo rechazaron igualmente,
por considerarlo inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón.
Finalmente,
la reina Isabel aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey,
Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista
cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las
Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de
privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa; y financió una flotilla
de tres carabelas -la Pinta, la Niña y la Santa María-, con las que Colón
partió de Palos el 3 de agosto de 1492.
Navegó hasta Canarias y luego hacia el oeste, alcanzando la isla de
Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre; en aquel viaje
descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo) e incluso construyó allí
un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa
María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas
asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.
Colón
realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en
el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La
Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas
del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje
(1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del
Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución
como gobernador y su envío prisionero a España.
Tras
ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios -excepto el
poder virreinal- y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de
acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras,
Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el
resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y
para sus
descendientes, pues el rey Fernando intentaba recortar los privilegios
concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la
inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.
Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su
intuición y fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una
nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo
Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros
y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto imperio a la
civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y
económicas del Viejo Continente. Aunque los vikingos habían llegado a América
del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían
dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del
descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de
Colón.
Fray
Bartolomé de las Casas (1474-1566)
Es
el símbolo del cronista que va a evangelizar esas tierras. Juega un papel
histórico importante: es, a la vez, actor y testigo de las hazañas españolas en
el Nuevo Mundo. Será el defensor de los indios. Toda su vida fue una continua
lucha para tratar de mejorar la forma de vida indígena, quienes estaban mal
tratados por los españoles.
Nace
en Sevilla, en 1484 (o 1474, según que manual utilicemos, veremos una fecha u
otra de nacimiento) en el seno de familia de mercaderes. Hacia 1500 viaja a
Nuevo mundo y está allí en el comienzo de la explotación de la isla La
Española. Va viendo el aniquilamiento de indígenas que viene dado por el
trabajo, al que los indígenas no están acostumbrados y por las enfermedades a
las que los indígenas no estaban inmunizados. En 1510 existen ya las Leyes de
Burgos, con buenas intenciones, pero no consiguen terminar con el sistema casi
feudal que existía allí. De hecho, Fray Bartolomé tuvo su repartimiento de
indígenas, a los que no trató nunca mal. En 1513 estaba en Cuba y presenció la
matanza de Caonao; ante esto, reaccionó con fuerza porque entendió que el
sistema era esclavista
y, como tal, injusto.
En 1514 renuncia a su
repartimiento de indígenas y regresa a España para hablar con el rey, Fernando
El Católico, para promulgar unas leyes nuevas, ya que las de Burgos no eran
suficientes. De hecho, habla con el Cardenal Cisneros e intenta que se supriman
los repartimientos de indios. En 1515 es nombrado procurador y protector
universal de todos los indios. Y en 1523 en el Convento de dominicos, en la
isla de La Española, comienza a interesarse por la doctrina tomista; busca en
las bibliotecas argumentos científicos que sirvieran de base para ayudar a los
indígenas. Así, comienza a poner en práctica sus teorías y participa en la
reducción pacífica de la rebelión de un cacique indígena llamado Enriquillo
(tema que será tratado en el siglo XIX por Manuel de Jesús y Galván en una
novela histórica).
En
1540 vuelve a la península para seguir reclamando esos derechos de los
indígenas; algo le favorece esta vez: años antes el Papa Pablo III proclamó que
los indios son verdaderos hombres y no deben ser privados de su libertad. En
este momento escribe Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde
da una espantosa visión de lo que ocurre en el Nuevo Mundo. Entre 1542-1543
Carlos V afirma en Valladolid las Leyes Nuevas, donde se suprimen las
encomiendas, esclavitud y el trabajo forzado para los indígenas (algo
insuficiente para Fray Bartolomé). En 1544 regresa a La Española como obispo.
Se encuentra con el rechazo de todos los españoles que estaban allí; con
resistencia imposible de controlar, e incluso desde la península, donde se
vuelven a establecer las encomiendas. Durante unos años, Fray Bartolomé está
aislado, decepcionado. En 1547 vuelve a la península
para volver a hablar con la corte. Escribe poniéndose al servicio de los
indígenas.
Tanto
la Historia General de las Indias como Apologética Historia no
fueron editadas hasta el siglo XIX.
Historia
general de las Indias: ofrece una de las grandes historias de la conquista escritas en el
siglo XVI ya que se basa no solo en su experiencia (característica
principal de las crónicas) sino en documentos que conoce de primera mano, como
el diario de Colón. Recoge la historia del descubrimiento hasta 1520, donde
destacan dos figuras: Colón y Fray Bartolomé. La obra está dividida en tres
libros y se comenzó a escribir en La Española, pero se terminó en la península.
El prólogo se escribió en 1552 y los dos primeros libros están dedicados a
Colón (considera la misión de Colón querida por la providencia divina para
descubrir el Nuevo Mundo). El tercer libro trata sobre él mismo, en su época de
clérigo hasta su entrada en la orden dominica. Aquí hay datos biográficos
gracias a los cuales conocemos su evolución con respecto a los problemas del
Nuevo Mundo. Esta obra es importante porque en ella se denuncian los abusos
cometidos por parte de los conquistadores y las consecuencias negativas que
ello tuvo para los indígenas. Además, todo está descrito con un tinte trágico.
Brevísima
relación de la destrucción de las Indias: al contrario que las otras obras, sí
fue editada en su momento, en Sevilla en 1552. En un principio
estaba destinada a la mejora de las condiciones indígenas y sirvió a los
enemigos de la corona española para extender la leyenda negra española. Es una
crónica atroz, donde se describen barbaridades cometidas en Hispanoamérica.
Tuvo su proyección europea: en la edición alemana de 1597 aparecían láminas
donde se representaban escenas macabras hechas por españoles con la finalidad
de que, aquel que no supiera leer, por lo menos que conociera la historia. En
esta crónica están descritos unos atropellos contra los indígenas. Hay una
clara diferenciación entre los indígenas (que representan el bien) y los
españoles (que representan el mal). La comienza a escribir entre 1542-1543 y
hasta que la edite irá añadiendo párrafos, sobre todo del incumplimiento de las
leyes por parte de los españoles. Está dedicado a Felipe II, algo corriente en
la época, ya que esperaba el apoyo del príncipe. Tiene una estructura sencilla
y, a pesar del título, es una larga sucesión de acciones (matanzas, destrucciones,
barbaridades, etc.) que se hacen en la primera mitad del
siglo de conquista en el nuevo territorio. Lleva un orden geográfico que se
corresponde, más o menos, con la cronología de la conquista. La clave de la
obra es la oposición entre el bien y el mal.
Con
esta obra, Fray Bartolomé será el precursor de la literatura indianista
(llamada así en el siglo XIX) e indigenista (en el siglo XX). Marca el camino
que seguirán otros ante la injusticia de la situación inhumana de los indígenas
en la sociedad. La figura del indígena está presente en la literatura
desde siempre (Fray Bartolomé, Palafox y Mendoza, etc.). En el Barroco Sor
Juana Inés de la Cruz introduce la figura del indígena y su lengua en sus
poemas, algo que será más habitual en el siglo XIX.
Concha
Meléndez diferencia entre indianismo e indigenismo. En ambos casos es
literatura de indígenas, la diferencia es el trato que se le da. En el
indianismo, del siglo XIX, se utiliza la figura del indio como
elemento literario, sobre todo en el Romanticismo, donde el indígena es
contemplado más como ser exótico que como hombre con problemas sociales.
En la literatura indigenista el indígena es el protagonista; hay una intención
consciente por parte del autor de protestar. El indio ya no será exótico y decorativo,
sino el centro de la novela (como Rosario Castellano que, además de
escribir novelas y cuentos indigenistas, es activa en la política mediante
diálogo, talleres, enseñanza a indígenas y escribiendo teatro, etc.; José María
Arguedas también escribe literatura indigenista)En 1898 se publica Aves sin
nido de Clorinda Matto de Turner, donde, sin dejar de incluir elementos
románticos y naturalistas, denuncia la situación del indígena en la sociedad
peruana. Esta novela está considerada como transición entre indianismo e
indigenismo.
Apologética
Historia:
la concibe como continuación de La Historia General de las Indias. Aquí se
centra en la descripción del Nuevo Mundo y sus habitantes. Se divide en
tres libros:
v
Primer libro: descripción de la isla La Españoleta: belleza y riqueza
de la tierra.
v
Segundo libro: organización social y cultural del indígena.
v
Tercer libro: demostración de la capacidad racional del indígena
Le
falta de objetividad, pero no encubre sistemáticamente las “inferioridades sociales”
de los pueblos, ya esto lo acuña al atraso de la evolución histórica y se puede
remediar con la enseñanza.
Además
de las obras mencionadas, Fray Bartolomé de las Casas tiene otra obra llamada
De unico vocationis modo, el latín era la lengua universal. Esta
obra no se conserva completa. Aquí defiende la llamada de Dios a todos
los pueblos de la tierra e insiste en que el único modo de transmitir la fe es
a través de la constante dulzura en la enseñanza y no imponiéndola por la
fuerza. Es una obra erudita donde, para darnos estas ideas, utiliza argumentos
bíblicos, patrísticos e históricos. Todo ello lo aprendió en el tiempo que
estuvo en La Españoleta estudiando.
Nace en Medina del Campo entre octubre de 1495 y marzo de 1496. A los
dieciocho años embarca para América. En Cuba firma parte de tres expediciones
(una por año entre 1517-1519), pero será la tercera, en la que le acompaña
Hernán Cortés, la más importante, de hecho es la que aparece en su crónica. Vuelve
a España en 1538 buscando un premio a su labor en el Nuevo Mundo y se le
concede una encomienda en Guatemala. Después de otra serie de viajes a la
Península, se instala en Guatemala hasta su muerte.
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España fue escrita después de su
segundo viaje a la península, fiándose de su memoria, ya que
jamás tomó notas en el campo de batalla. Por esta razón hay que hablar de falta
de justeza cronológica, ya que se debe tener en cuenta que, además, cuando
escribió la obra, tenía ya sesenta años (muchos para el siglo XVI). Hay
distintas teorías sobre por
qué escribió las
crónicas: Manuel Alvar habla de la melancolía del pasado, pero la más extendida
es la que propone el propio Díaz del Castillo: según iba escribiendo su obra,
conocía las crónicas de otros (como la de López de Gomara) y, según él, no se
ajustaban a la realidad. López de Gomara era un capellán de la tropa de Hernán
Cortés. Cuando escribe su obra no lo hace por decisión propia, sino por encargo
del hijo de Cortés. Díaz del Castillo critica esta obra porque dice que Gomara
es injusto con los soldados y que solo glorifica la figura de Hernán Cortés.
Díaz del Castillo dice la verdad, porque su intención es demostrar una realidad
en la conquista de México. Nunca habla en contra de Hernán Cortés, sino que
resalta la labor colectiva de los demás soldados.
El
contenido de su obra comienza con hechos que van desde 1514 hasta 1568. Aunque
el interés fundamentalmente se centra en los acontecimientos desde 1517 hasta
1521 (conquista de México). Se publica en el siglo XVII y fue utilizada por los
historiadores. A lo largo de los siglos ha tenido diferentes consideraciones:
v
Obra nacida por la envidia que le tenía Díaz del Castillo a Hernán
Cortés.
v
En el siglo XIX se pensaba que era un soldado vanidoso que solo quería
ser recordado.
v
Hoy se piensa que es aportación historiográfica de primer orden en lo
que se refiere a contenido histórico.
Desde el punto de vista de
la lengua, es un testimonio de la importancia que tuvo el náhuatl para la gente que
estuvo allí. Se considera un “diccionario” del náhuatl ya que
hay referencias a flora, fauna, etcétera
y la traducción al castellano.
Los antecedentes
de la autobiografía. Se publicó en el siglo XVII y tuvo distintas apreciaciones
de la crítica a lo largo de la historia. Consta de
212 capítulos y
se sabe que tenía intención de añadir más. El manuscrito de la crónica lo
encontró Fray Alonso Remón, miembro de la escuela de Lope de Vega, en una
biblioteca particular, y lo mandó a la imprenta.
Tiene un estilo
sencillo, con una descripción penetrante, frases cortas, etc. Se nota la
hispanización del náhuatl.
Esta
crónica tiene mérito porque fue escrita muchos años después de haber sido
vivida y teniendo en cuenta que el cronista no tomó notas (por eso a veces no
recuerda cierto tipo de detalles).
Autores
que exponen la realidad de la naturaleza americana que vivían
Hasta
ahora había crónicas tal y como los cronistas ven las cosas. Pero en los
siguientes autores no solo hay historia, sino que juegan con elementos
fantásticos. Por eso, hay quien dice que aquí podría haber un antecedente del
realismo mágico:
Alvar Núñez Cabeza de Vaca: personaje real, es el
prototipo del héroe de una novela de aventuras. Su existencia y cuantos
peligros corrió, la narró él mismo en su obra Naufragios, impresa en el año 1542 con el título de La relación que dio Alvar Núñez Cabeza de
Vaca de lo acaecido en las Indias en la armada donde iba por Gobernador Pánfilo
de Narváez, desde el año de veinte y siete hasta el año de treinta y seis que
volvió a Sevilla con tres de su compañía. En esta obra hay una narración
más fantástica que real.
Fray Gaspar de Carvajal: ofrece una Relación del nuevo descubrimiento del famoso río grande de Las Amazonas. Su
intención al describirla es justificar por qué Orellana no regresó al lado de
Francisco Pizarro cuando estaban en el Amazonas. Introduce un relato que pone
en boca de un indio, que va contestado a las preguntas del capitán del barco,
es la “leyenda de Las Amazonas”, lo que parece más ser fruto de la fantasía del
narrador que la realidad vista pro Carvajal. Utiliza el recurso de contar lo
que él ha oído a otro; así, no podemos deducir que certifica su veracidad, sino
que se limita a contar lo que ha oído. Sin embargo, lo que narra tiene
verosimilitud.
Lecturas
Extracto del Diario de
abordo de Cristóbal Colón8
El texto que transcribimos a
continuación es un documento importantísimo para conocer las impresiones que
causó en los primeros navegantes que llegaron a América el encuentro con el
Nuevo Mundo y con sus habitantes. No tenemos el diario de Cristóbal Colón en su
versión original, sino en la que nos ha dejado fray Bartolomé de las Casas. No
obstante, en algunos casos, el fraile dominico nos ha trascrito párrafos
completos del diario del Almirante; en general podemos percibir qué párrafos
han pasado por la mano de fray Bartolomé y cuáles son colombinos de primera
mano por el uso de la persona (cuando habla fray Bartolomé lo hace en tercera
persona: "navegó", "anduvieron", etc. y cuando lo hace
Colón usa la primera persona: "vi", "partí", etc.);
normalmente, fray Bartolomé aclara explícitamente cuando el texto es de Colón,
usando cláusulas como: "estas son palabras formales del almirante".
“Jueves, 11 de octubre
Navegó al
Oeste-sudoeste. Tuvieron mucha mar, más que en todo el viaje habían tenido.
Vieron pardelas9 y un junco verde junto a la nao. Vieron los de la
carabela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que
parecía con hierro, y un pedazo de caña y otra hierba que nace en tierra y una
tablilla. Los de la carabela Niña también vieron otras señales de tierra y un
palillo cargado de escaramujos. Con estas señales respiraron y se alegraron
todos. Anduvieron este día, hasta puesto el sol, 27 leguas. Después de puesto
el sol, navegó a su primer camino al oeste. Andarían doce millas cada hora, y
hasta dos horas después de medianoche andarían 90 millas, que son 22 leguas y
media. Y porque la carabela Pinta era más velera e iba delante del Almirante,
halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado. Esta tierra [la]
vio primero un marinero que se decía Rodrigo de Triana, puesto que el
Almirante, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, vio lumbre;
aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que
fuese tierra, pero llamó a
Pero Gutiérrez repostero de estrados del Rey y díjole que parecía lumbre, que
mirase él, y así lo hizo, y la vio. Díjolo también a Rodrigo Sánchez de
Segovia, que el Rey y la Reina enviaban en la armada como veedor, el cual no
vio nada porque no estaba en lugar adonde la pudiese ver. Después que el
Almirante lo dijo, se vio una vez o dos, y era como una candelilla de cera que
se alzaba y levantaba, lo cual a pocos pareciera ser indicio de tierra. Por lo
cual, cuando dijeron la Salve, que la acostumbran decir y cantar a su manera
todos los marineros y se hallan todos, rogó y los amonestó el Almirante que
hiciesen buena guarda del castillo de proa, y mirasen bien por la tierra, y que
al que le dijese primero que veía tierra le daría luego un jubón de seda,
[aparte de] las otras mercedes que los Reyes habían prometido, que eran diez
mil maravedís de juro a quien primero la viese10. A las dos horas
después de media noche apareció la tierra, de la cual estarían dos leguas.
Amainaron todas las velas, y quedaron con el treo que es la vela grande, sin
bonetas, y se pusieron a la corda, temporizando hasta el día viernes que
llegaron a una isleta de los lucayos, que se llamaba en lengua de indios
Guanahaní. Luego vieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la
barca armada y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yañez, su hermano, que era
capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos
banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por
seña, con una F y una una isleta de los lucayos, que se llamaba en lengua de indios
Guanahaní.
8
El texto ha sido tomado de: Cristóbal COLON, Textos y documentos
completos. Relaciones de viajes, cartas y memoriales, 2a. reimp., Madrid
1989, 381 + mapas. Con adaptación a los usos modernos de la grafía, y
ligeramente de la redacción.
9
Aves marinas.
Luego vieron
gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada y Martín Alonso
Pinzón y Vicente Yañez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el
Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde,
que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una I,
encima de cada letra su corona, una de un cabo de la + y otra de otro. Puestos
en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas
maneras. El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en
tierra, y a Rodrigo de Escobedo escribano de toda la armada, y a Rodrigo
Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante
todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la
Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo
se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se juntó
allí mucha gente de la isla. Esto que sigue son palabras formales del Almirante
en su libro de su primera navegación y descubrimiento de estas Indias.
"Yo", dice él, "porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí
que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra santa fe con amor que
no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas
de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con
que tuvieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los
cuales después venían a las barcas de los navíos adonde estábamos, nadando, y nos
traían papagayos e
hilo de algodón en ovillos y
azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otra cosas que nos[otros]
les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y
todo daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció que era
gente muy pobre de todo. Ellos andaban todos desnudos como su madre los parió,
y también las mujeres, aunque no vi más que una, harto moza, y todos los que yo
vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de XXX años, muy bien
hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruesos casi
como sedas de cola de caballos y cortos. Los cabellos traen por encima de las
cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. [Algunos] de
ellos se pintan de prieto y ellos son del color de los canario11s,
ni negros ni blancos, y [algunos] de ellos se pintan de blanco y [otros] de
ellos de colorado, y [otros] de ellos de lo que hallan; y [algunos] de ellos se
pintan las caras, y otros todo el cuerpo, y otros sólo los ojos, y otros sólo
la nariz. Ellos no traen armas ni la conocen, porque les mostré espadas y las
tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún fierro; sus
azagayas son unas varas sin fierro y algunas de ellas tienen al cabo un diente
de pez, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de
grandeza y buenos gestos, bien hechos. Yo vi algunos que tenían señales de
heridas en sus cuerpos, y les hice señas qué era aquello, y ellos me mostraron
cómo allí venía gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se
defendían. Y yo creí y creo que aquí vienen de tierra firme a tomarlos por
cautivos. Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy
presto dicen todo lo que les decía. Y creo que ligeramente se harían
cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a nuestro
Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestras Altezas para que
aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos de esta
isla". Todas son palabras del Almirante.
10
El "juro" era una
pensión perpetua que se concedía sobre las rentas públicas. Bartolomé de las
Casas cuenta que los reyes asignaron esta cantidad a Cristóbal Colón, quien la
cobró toda su vida con cargo a las carnicerías de la ciudad de Córdoba, y que
parece fueron usufructuadas por Beatriz Enríquez de Arana, madre de Hernando
Colón. Según una tradición, Rodrigo de Triana, despechado por la actitud de
Colón, se hizo mahometano y se fue a vivir al Africa (Consuelo VARELA en:
Cristóbal COLON, Textos y documentos..., pg. 29, nota 26)
Luego que amaneció, vinieron a la playa muchos de estos hombres, todos
mancebos, como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy hermosa; los
cabellos no crespos, sino corredíos [lacios] y gruesos como sedas de caballo, y
todos de la frente y cabeza muy ancha, más que otra generación que hasta aquí
haya visto; y los ojos muy hermosos y no pequeños; y ellos ninguno prieto
[negro], sino del color de los canarios[...]. Las piernas muy derechas, todos a
una mano, y no barriga, sin muy bien hecha. Ellos vinieron a la nao con
almadías [canoas], que son hechas del pie de un árbol como un barco largo y
todo de un pedazo[...]. Y yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y
vi que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en
la nariz. Y por señas pude entender que, yendo al Sur o volviendo la isla por
el sur, que estaba allí un Rey que tenía grandes vasos de ello y tenía muy
mucho[...]. Y esta gente es harto mansa, y por las ganas de tener de nuestras
cosas, y temiendo que no se les ha de dar sin que den algo y no lo tienen,
toman lo que pueden y se echan luego a nadar; mas todo lo que tienen lo dan por
cualquier cosa que les den, que hasta los pedazos de las escudillas y de las
tazas de vidrio rotas rescataban, hasta que vi dar 16 ovillos de algodón por
tres ceotís12 de Portugal, que es una blanca de Castilla, y en ellos
habría más de una arroba de algodón hilado. Esto defendería yo y no dejaría
tomar a nadie sino que yo lo mandaría tomar todo para vuestras Altezas, si
tuviera en cantidad. Aquí nace en esta isla, mas por el poco tiempo no pude dar
así del todo fe. Y también aquí nace el oro que traen colgado a la nariz, mas,
por no perder tiempo, quiero ir a ver si puedo topar a la isla de Cipango.
Ahora como fue noche todos se fueron a tierra con sus almadías.
Domingo, 14 de octubre
...y vide un pedazo de tierra que se hace como isla, aunque no lo es,
en que había seis casas, el cual se pudiera atajar en dos días por isla, aunque
yo no veo ser necesario, porque esta gente es muy simple en armas, como verán
Vuestras Altezas de siete que yo hice tomar para llevarlos y aprender nuestra
habla y [de]volverlos, salvo que Vuestras Altezas cuando mandaren puédenlos
todos llevar a Castilla o tenerlos en la misma isla
cautivos, porque con
con cincuenta hombres los tendrán todos sojuzgados, y les harán hacer
todo lo que quisieren...”
11
En varias ocasiones Colón
compara el color de los habitantes del Nuevo Mundo con el de los habitantes de
las Islas Canarias. En efecto, en la antigüedad se tenía la creencia de que a medida
que se avanzaba en latitud hacia el sur el color de la piel se volvía más
oscura. En un paralelo inferior a las Canarias Colón pensaba encontrarse con
hombres de piel negra, y de allí su estupor.
12
Moneda de cobre de la época de
Juan I.
Actividades
1- ¿Cuál era el objetivo del viaje de Colón?
2- ¿Por qué llama “indios” a los taínos que habitaban las islas del
Caribe?
3- ¿Cómo describe Colón la naturaleza americana?
4- ¿Por qué exagera Colón las bondades de las Indias?
5- ¿Cómo caracteriza el
Almirante a los indígenas y por qué? ¿Cómo, según Colón, los taínos los
percibieron a él y a sus hombres? y ¿qué importancia crees que tiene esa
percepción?
Brevísima Relación de la Destrucción de
las Indias
“Descubriéronse las Indias en el año de mil y cuatrocientos y noventa
y dos. Fuéronse a poblar el año siguiente de cristianos españoles, por manera
que ha cuarenta e nueve años que fueron a ellas cantidad de españoles; e la
primera tierra donde entraron para hecho de poblar fué la grande y felicísima
isla Española, que tiene seiscientas leguas en torno. Hay otras muy grandes e
infinitas islas alrededor, por todas las partes della, que todas estaban e las
vimos las más pobladas e llenas de naturales gentes, indios dellas, que puede
ser tierra poblada en el mundo. La tierra firme, que está de esta isla por lo
más cercano docientas e cincuenta leguas, pocas más, tiene de costa de mar más
de diez mil leguas descubiertas, e cada día se descubren más, todas llenas como
una colmena de gentes en lo que hasta el año de
cuarenta e uno
se ha descubierto, que parece que puso Dios en aquellas tierras todo el golpe o
la mayor cantidad de todo el linaje humano.
Todas estas universas e infinitas gentes a todo género crió Dios los
más simples, sin maldades ni dobleces, obedientísimas y fidelísimas a sus
señores naturales e a los cristianos a quien sirven; más humildes, más
pacientes, más pacíficas e quietas, sin rencillas ni bullicios, no rijosos, no
querulosos, sin rencores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo.
Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas en complisión6 e que
menos pueden sufrir trabajos y que más fácilmente mueren de cualquiera
enfermedad, que ni hijos de príncipes e señores entre nosotros, criados en
regalos e delicada vida, no son más delicados que ellos, aunque sean de los que
entre ellos son de linaje de labradores.
Son también gentes paupérrimas y que
menos poseen ni quieren poseer de bienes temporales; e por esto no soberbias,
no ambiciosas, no codiciosas. Su comida es tal, que la de los sanctos padres en
el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos deleitosa ni pobre. Sus
vestidos, comúnmente, son en cueros, cubiertas sus vergüenzas, e cuando mucho
cúbrense con una manta de algodón, que será como vara y media o dos varas de
lienzo en cuadra. Sus camas son encima de una estera, e cuando mucho, duermen
en unas como redes colgadas, que en lengua de la isla Española llamaban
hamacas.
Son eso mesmo
de limpios e desocupados e vivos entendimientos, muy capaces e dóciles para
toda buena doctrina; aptísimos para recebir nuestra sancta fee católica e ser
dotados de virtuosas costumbres, e las que menos impedimientos tienen para
esto, que Dios crió en el mundo. Y son tan importunas desque una vez comienzan
a tener noticia de las cosas de la fee, para saberlas, y en ejercitar los
sacramentos de la Iglesia y el culto divino, que digo verdad que han menester
los religiosos, para sufrillos, ser dotados por Dios de don muy señalado de
paciencia; e, finalmente, yo he oído decir a muchos seglares españoles de
muchos años acá e muchas veces, no pudiendo negar la bondad que en ellos veen:
«Cierto estas gentes eran las más bienaventuradas del mundo si solamente
conocieran a Dios.»
En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y
Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron,
como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa
no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo
hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y
destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni
leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se
dirán, en tanto grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de
ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales de ella docientas personas. La
isla de Cuba es cuasi tan luenga como desde Valladolid a Roma; está hoy cuasi
toda despoblada. La isla de Sant Juan e la de Jamaica, islas muy grandes e muy
felices e graciosas, ambas están asoladas. Las islas de los Lucayos, que están
comarcanas a la Española y a Cuba por la parte del Norte, que son más de
sesenta con las que llamaban de Gigantes e otras islas grandes e chicas, e que
la peor dellas es más fértil e graciosa que la huerta del rey de Sevilla, e la
más sana tierra del mundo, en las cuales había más de quinientas mil ánimas, no
hay hoy una sola criatura. Todas las mataron trayéndolas e por traellas a la
isla Española, después que veían que se les acababan los naturales della.
Andando en navío tres años a rebuscar por ellas la gente que había, después de
haber sido vendimiadas, porque un buen cristiano se movió por piedad para los
que se hallasen convertirlos e ganarlos a Cristo, no se hallaron sino once
personas, las cuales yo vide. Otras más de treinta islas, que están en
comarca de la
isla de Sant Juan, por la misma causa están despobladas e perdidas. Serán todas
estas islas, de tierra, más de dos mil leguas, que todas están despobladas e
desiertas de gente.
De la gran tierra firme somos ciertos que nuestros españoles por sus
crueldades y nefandas obras han despoblado y asolado y que están hoy desiertas,
estando llenas de hombres racionales, más de diez reinos mayores que toda
España, aunque entre Aragón y Portugal en ellos, y más tierra que hay de
Sevilla a Jerusalén dos veces, que son más de dos mil leguas.
Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los
dichos cuarenta años por las dichas tiranías e infernales obras de los
cristianos, injusta y tiránicamente, más de doce cuentos de ánimas, hombres y
mujeres y niños; y en verdad que creo, sin pensar engañarme, que son más de
quince cuentos.
Dos maneras generales y principales han tenido los que allá han
pasado, que se llaman cristianos, en estirpar y raer de la haz de la tierra a
aquellas miserandas naciones. La una, por injustas, crueles, sangrientas y
tiránicas guerras. La otra, después que han muerto todos los que podrían
anhelar o sospirar o pensar en libertad, o en salir de los tormentos que
padecen, como son todos los señores naturales y los hombres varones (porque
comúnmente no dejan en las guerras a vida sino los mozos y mujeres),
oprimiéndolos con la más dura, horrible y áspera servidumbre en que jamás
hombres ni bestias pudieron ser puestas. A estas dos maneras de tiranía
infernal se reducen e ser resuelven o subalternan como a géneros todas las
otras diversas y varias de asolar aquellas gentes, que son infinitas.
La causa por que han muerto y destruído tantas y tales e tan infinito
número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último
el oro y henchirse de riquezas en muy breves días e subir a estados muy altos e
sin proporción de sus personas (conviene a saber): por la insaciable codicia e
ambición que han tenido, que ha sido mayor que en el mundo ser pudo, por ser
aquellas tierras tan felices e tan ricas, e las gentes tan humildes, tan pacientes
y tan fáciles a sujetarlas; a las cuales no han tenido más respecto ni dellas
han hecho más cuenta ni estima (hablo con verdad por lo que sé y he visto todo
el dicho tiempo), no digo que de bestias (porque pluguiera a Dios que como a
bestias las hubieran tractado y estimado), pero como y menos que estiércol de
las plazas. Y así han curado de sus vidas y de sus ánimas, e por esto todos los
números e cuentos dichos han muerto sin fee, sin sacramentos. Y esta es una muy
notoria y averiguada verdad, que todos, aunque sean los tiranos y matadores, la
saben e la confiesan: que nunca los indios de todas las Indias hicieron mal
alguno a cristianos, antes los tuvieron por venidos del cielo, hasta que,
primero, muchas veces hubieron recebido ellos o sus vecinos muchos males,
robos, muertes, violencias y vejaciones dellos mesmos.”
Actividades
1-
¿Cómo plantea fray Bartolomé de las Casas la naturaleza de los americanos?
2-
¿Cómo describe el autor la justicia administrada a la población nativa y por
qué esto es importante en su argumentación?
Historia verdadera de la conquista de
la Nueva España13
Cómo Cortés preguntó a Mase-Escaci e a
Xicotenga
por las cosas de México, y lo que en la
relación dijeron.
Luego Cortés apartó aquellos caciques, y les preguntó muy por extenso las
cosas de México; y Xicotenga, como era más avisado y gran señor, tomó la mano a
hablar, y de cuando en cuando le ayudaba Mase-Escaci, que también era gran
señor, y dijeron que tenía Montezuma tan grandes poderes de gente de guerra,
que cuando quería tomar un pueblo o hacer un asalto en una provincia, que ponía
en campo cien mil hombres, y que esto que lo tenía bien experimentado por las
guerras y enemistades pasadas que con ellos tienen más de cien años; y Cortés
le dijo: "Pues con tanto guerrero como decías que venían sobre vosotros,
¿cómo nunca os acabaron de vencer?" Y respondieron que, puesto que algunas
veces les desbarataban y mataban,
y llevaban
muchos de sus vasallos para sacrificar, que también de los contrarios quedaban
en el campo muchos muertos y otros presos, y que no venían tan encubiertos, que
dello no tuviesen noticia, y cuando lo sabían, que se apercibían con todos sus
poderes, y con ayuda de los Guaxocingo se defendían e ofendían; e que, como
todas las provincias y pueblos que ha robado Montezuma y puesto debajo de su
dominio estaban muy mal con los mexicanos, y traían dellos por fuerza a la
guerra, no pelean de buena voluntad; antes de los mismos tenían avisos, y que a
esta causa les defendían sus tierras lo mejor que podían, y que donde más mal
les había venido a la continua es de una ciudad muy grande que está de allí
andadura de un día, que se dice Cholula, que son grandes traidores, y que allí
metía Montezuma secretamente sus capitanías; y como estaban cerca, de noche,
hacían salto, y más dijo Mase-Escaci, que tenía Montezuma en todas las
provincias puestas guarniciones de muchos guerreros, sin los muchos que sacaba
de la ciudad, y que todas aquellas provincias le tributan oro y plata, y plumas
y piedras y ropa de mantas y algodón, e indios e indias para sacrificar, y
otros para servir; y que es tan grande señor, que todo lo que quiere tiene, y
que las casas en que vive tiene llenas de riquezas de la tierra están en su
poder; y luego contaron del gran servicio de su casa, que era para nunca acabar
si lo hubiese aquí de decir, pues de las muchas mujeres que tenía, y cómo
casaba alguna dellas, de todo daban relación; y luego dicen de la gran
fortaleza de su ciudad, de la manera que es la laguna, y la hondura del agua, y
de las calzadas que hay por donde han de entrar en la ciudad, y las puentes de
madera que tienen en cada calzada y cómo entra y sale por el estrecho de
abertura que hay en cada puente, y cómo en alzando cualquiera dellas de pueden
quedar aislados entre puente y puente sin entrar en su ciudad; y cómo está toda
la mayor parte de la ciudad poblada dentro en la laguna, y no se puede pasar de
casa en casa si no es por unas puentes elevadizas que tienen hechas, o en
canoas, y todas las casas son de azoteas, y en las azoteas tienen hechos como a
maneras de mamparos, y pueden pelear desde encima dellas, y la manera como se
provee la ciudad de agua dulce desde una fuente que se dice Chapultepeque, que
está en la ciudad obra de media legua, y va el agua por unos edificios, y llega
en parte que con canoas la llevan a vender por las calles; y luego contaron de
la manera de las armas, que eran varas de a dos gajos, que tiraban con
tiraderas, que pasan cualesquier armas, y muchos buenos flecheros, y otros con
lanzas de pedernales que tienen una braza de cuchilla, hechas de arte que
cortan más que navajas, y rodelas y armas de algodón, y muchos honderos con
piedras rollizas e otras lanzas muy largas y espadas de a dos manos de navajas,
y trajeron pintados en unos paños grandes de henequén las batallas que con
ellos habían habido y la manera de pelear.
13 Fragmento tomado de Bernal Díaz del Castillo: Historia verdadera
de la conquista de la Nueva España, México, Porrúa, Colección Sepan
Cuantos.
Y como nuestro capitán y
todos nosotros estábamos ya informados de todo lo que decían aquellos caciques, estorbó la plática y metiólos en otra más honda, y fue que cómo
ellos habían venido a poblar aquella tierra, e de qué partes vinieron, que tan
diferentes y enemigos
eran de los mexicanos,
siendo
tan cerca
unas tierras
de otras; y dijeron que les habían dicho sus antecesores
que en los
tiempos pasados que había
entre ellos
poblados hombres y mujeres muy altos de cuerpo y
de grandes huesos, que porque eran muy malos
y de malas
maneras, que los mataron peleando con ellos, y otros que quedaban se murieron e
para que viésemos qué tamaños
e altos cuerpos tenían, trajeron un hueso o zancarrón
de uno dellos,
y era muy grueso, el altor del tamaño como un hombre
de razonable estatura; y aquel zancarrón era desde
la rodilla hasta la
cadera; yo me
medí con él, y tenía tan gran altor como yo,
puesto que soy de razonable cuerpo; y trajeron
otros pedazos de huesos como el primero,
más estaban ya comidos y deshechos de la tierra; y todos nos espantamos de ver aquellos zancarrones, y tuvimos por cierto haber habido gigantes en esta tierra; y nuestro
capitán Cortés nos dijo que sería bien enviar aquel gran hueso a
Castilla para que lo viese su majestad, y así lo enviamos con los primeros procuradores que fueron;
también dijeron aquellos mismos caciques que sabían de
aquellos sus antecesores que les había
dicho su ídolo en
quien ellos tenían
mucha devoción, que vendrían hombres de
las partes de hacia donde sale el sol y de lejanas tierras a les sojuzgar y
señorear: que si somos nosotros, holgarán dello, que pues tan
esforzados y buenos somos; y cuando trataron las paces se les acordó desto que les
había dicho su ídolo, que por aquella
causa nos dan sus hijas, para tener parientes que les
defendían de los mexicanos; y cuando acabaron su razonamiento, todos quedamos espantados, y decíamos si por ventura dicen verdad; y luego nuestro capitán Cortés les replicó, y
dijo que ciertamente veníamos de hacia donde sale el sol, y que por esta causa nos
envió el rey nuestro señor a tenerlos por hermanos, porque tiene noticias
dellos, y que plegue a Dios nos dé gracia para que por nuestras manos e
intercesión se salven; y dijimos todos: "Amén".
Hartos estarán ya los caballeros que
esto leyeren de oír razonamientos y pláticas de nosotros a los de Tlascala, y
ellos a nosotros; querría acabar, y por fuerza me he de detener en otras cosas
que con ellos pasamos; y es que el volcán que está cabe Guaxocingo echaba
aquella sazón que estábamos en Tlascala mucho fuego, más que otras veces solía
echar; de lo cual nuestro capitán Cortés y todos nosotros, como no habíamos
visto tal, nos admiramos dello; y un capitán de los nuestros, que se decía
Diego de Ordás, tomóle codicia de ir a ver qué cosa era, y demandó licencia a
nuestro general para subir en él; la cual licencia se dio, u aun de hecho se lo
mandó; y llevó consigo dos de nuestros soldados y ciertos indios principales de
Guaxocingo, y los principales que consigo llevaba poníanle temor con decirle
que cuando estuviese a medio camino de Popocatepeque, que así se llamaba aquel
volcán, no podría sufrir el temblor de la tierra ni llamas y piedra y ceniza
que de él sale o que ellos no se atreverían a subir más de hasta donde tienen
unos cues de ídolos, que llaman los teules de Popocatepeque; y todavía el Diego
de Ordás con sus dos compañeros fue su camino hasta llegar arriba, y los indios
que iban en su compañía se le quedaron en lo bajo; después el Ordás y los dos
soldados vieron al subir que comenzó el volcán a echar grandes llamaradas de
fuego y piedras medio quemadas y livianas y mucha ceniza, y que temblaba toda
aquella sierra y montaña adonde está el volcán, y estuvieron quedos sin dar más
paso adelante hasta de allí a una hora, que sintieron que había pasado aquella
llamarada y que no echaba tanta ceniza ni humo, y subieron hasta la boca, que
era muy redonda y ancha, y que había en el anchor un cuarto de legua, y que
desde allí se parecía la gran ciudad de México y toda la laguna y todos los
pueblos que están en ella poblados; y está este volcán de México obra doce o
trece leguas; y después de bien visto, muy gozoso el Ordás, y admirado de haber
visto a México y sus ciudades, volvió a Tlascala con sus compañeros, y los
indios de Guaxocingo y los de Tlascala se lo tuvieron a mucho atrevimiento, y
cuando lo contaban al capitán Cortes y a todos nosotros, como en aquella sazón
no había visto ni oído, como ahora, que sabemos lo que es, y han subido encima
de la boca muchos españoles y aun frailes franciscanos, nos admirábamos
entonces dello; y cuando fue Diego de Ordás a Castilla lo demandó por armas a
su majestad, e así las tiene ahora un su sobrino que vive en la Puebla; y
después acá desque estamos en esta tierra no le habemos visto echar tanto fuego
ni con tanto ruido como al principio, y aun estuvo ciertos años que no echaba
fuego, hasta el año de mil quinientos y treinta y nueve, que echó muy grandes
llamas y piedras y ceniza. Dejemos de contar del volcán, que ahora, que sabemos
qué cosa es y habemos visto otros volcanes, como los de Nicaragua y los de
Guatemala, se podían haber callado los de Guaxocingo sin poner en relación.
Actividades
1- ¿Por qué Bernal Díaz del Castillo emplea el
adjetivo “verdadera” en el título de su obra? ¿Crees que su historia es
“verdadera”? Explica justificadamente tu respuesta.
2- ¿Qué entiendes por transculturación y cómo
observamos este fenómeno en la América colonial?
3- Relee los párrafos donde hay referencias a Cortés y explica cómo
lo caracteriza el autor.
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