miércoles, 7 de marzo de 2018

Unidad 1

LITERATURA LATINOAMERICANA
UNIDAD 1

La literatura como discurso social

El texto narrativo ha sido considerado a través de los siglos como revelación divina, manifestación

ideológica, creación artística   con fines   moralizantes, instrumento   de   crítica social o de adoctrinamiento político, documento histórico, y - entre otras cosas - registro social. Se le asignó valor literario cuando respondía al canon de literariedad establecido por los eruditos clásicos y, pasando por el experimentalismo y la literatura popular, se hizo presente en la relevancia de una lista de compras o de una guía telefónica.

Enfocado en uno u otro ángulo,  el texto narrativo siempre reveló un aspecto de la realidad humana a través del lenguaje, y lo hizo acudiendo a rigurosas reglas de composición o a la sublevación de las mismas. El ir y venir de corrientes literarias, su aceptación y rechazo subsiguientes, dejaron una

huella muy honda en la demarcación de géneros y disciplinas críticas que consideraron el texto narrativo una entidad literaria cuyo significado se recreaba por medio del lenguaje, se descubría identificando estructuras lingüísticas, o se analizaba estilísticamente siguiendo las pautas trazadas por la poética tradicional. Sólo aquello que encajaba dentro de la definición dada a la literatura constituía el texto narrativo; el resto pasaba al terreno de la sub-clasificación, subliteratura, texto escrito desvinculado de la experiencia humana total.

Esta fragmentación, que perdía de vista el complejo social representado, está siendo cuestionada. Y lo que se veía como disciplina autónoma, se va integrando para dar una visión más completa de la dinámica social a través del lenguaje, presentado con su carga de variables ideológicas, normas, y valores sociales.

El concepto “literatura” usado por Lukácz, es paralelo al concepto 'sociedad'. Ambos abarcan una totalidad, una 'estructura dinámica significante' como producto de los constantes cambios que sufre la sociedad en el plano geográfico, político, socioeconómico ideológico. La continua y constante carga que incluye todos esos cambios es expresada en el texto a través del lenguaje, que responde precisamente a lo que Goldmann llamó 'visión del mundo,' una especie de “conciencia colectiva de grupo” que otorga una identidad colectiva.[1]

La literatura como discurso social se separa de otros discursos (histórico, político, periodístico, científico, etc.) por su relación con lo ficcional. En este sentido, los textos literarios tienen como finalidad exponer una imagen del mundo presente en un momento histórico determinado.

Por otra parte, la literatura también se diferencia de los otros discursos sociales por la preeminencia  de la función poética del lenguaje, que hace hincapié en la construcción del mensaje, mediante una cuidada selección y una especial combinación de las palabras. Reconocer la literatura como un tipo de discurso que se diferencia de otros por una serie de rasgos particulares es nuestro objetivo al cursas esta cátedra. Por eso, contiene una introducción en los conceptos básicos y en las herramientas teóricas para el análisis literario.

La ficción y la literatura


La especificidad de la ficción es su relación con la verdad. A los escritores les interesa trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan la verdad y la ficción porque se debe entender que “no hay campo propio de la ficción” ya todo se puede ficcionalizar. La ficción trabaja con la creencia y, en este sentido conduce a eso que llamamos “ideología”, a los modelos convencionales de la realidad y a las convenciones que hacen que un texto sea verdadero o ficticio. La realidad está tejida de ficciones.

La literatura, entonces, es un espacio fragmentado donde circulan, se cruzan, se entrelazan distintas voces, y son estas voces las que son sociales. La literatura no es “esencia” sino “efecto” de lo social.

Realidad y ficción


El término “Realidad” recubre distintas acepciones: real, hecho de existir, el mundo real, lo que existe, lo efectivo y práctico; pone de manifiesto la idea de ver ad. Tocante a la “Ficción”, encierra dos términos muy variados: mimesis, verosimilitud e imaginación. De esta manera, definir la ficción es una forma de definir también la literatura, o sea, contestar a la pregunta: ¿qué es la literatura? La literatura es ficción. Esta respuesta es la definición estructural de la literatura dado que el texto literario no se somete a la prueba de verdad, es decir, ni verdadero ni falso, sino ficcional. A este respecto Tzvetan Todorov escribe: “El arte es una imitación, diferente según el material que se utiliza; la literatura es imitación por el lenguaje, así como la pintura es imitación por la imagen. Específicamente, no es cualquier imitación, porque no se imitan las cosas reales sino las ficticias, que no necesitan haber existido3

La noción de ficción ligada a la de la literatura significa que las frases literarias no aluden obligatoriamente a acciones reales. René Wellek en la misma perspectiva opina sobre la “naturaleza de la literatura” y deduce que “en las obras más literarias, uno se refiere a un mundo de ficción, de imaginación. Las aserciones de una novela, de un poema o de una obra de teatro no son literalmente verdaderas; no son proposiciones lógicas. Y ahí está el rasgo distintivo de la literatura; esto es, la ficcionalidad.”4

El propósito de los textos literarios no es mostrar la realidad tal cual es, sino de representar, por medio de la palabra, una percepción posible y peculiar del mundo.

En este sentido, la ficción —propia de la literatura— equivale a una imagen de la realidad que un tiempo histórico determinado propone para definir los ideales o para destacar los problemas o la decadencia moral y plantear los principios que deben modificarse.

Puede decirse que, por ejemplo, un libro de Historia trata sobre sucesos o procesos que han ocurrido efectivamente en un tiempo y en un espacio precisos en el que han vivido personas cuya existencia real es indiscutible. En esos textos, el acento está puesto en el referente, y en calidad depende del grado de fidelidad a él. Contrariamente, la literatura, por ser un hecho artístico, transforma la realidad y la ficcionaliza. Los objetos a los que se refiere existen solamente en el texto, y en lugar de personas, la obra literaria cuenta con personajes, creaciones de ficción que pueden ser (o no) parecidas a las existentes, pero que nunca llegan a serlo. El valor de la literatura radica en el modo de representación de la realidad y no en la fidelidad a lo representado, es decir que la literatura se aprecia no por la verdad de lo que se dice, sino por la calidad estética con que se lo hace.








2  Cfr. PIGLIA, Ricardo. Crítica y ficción. Buenos Aires, Seix Barral, 2000.

3  TODOROV, Tzvetan : Littérature et signification. Paris: Larousse,1967, pág. 364

4    Wellek en Todorov, 1967: 359.






El canon literario


Como surge de lo anterior, los textos literarios son productos humanos realizados mediante palabras que tienen una finalidad estética. Si bien esta idea parece definir la literatura, hay que tener en cuenta que no siempre a lo largo de la historia la concepción sobre lo que es literatura fue la misma. En este sentido, muchas obras literarias que, en la actualidad, son consideradas “maestras” fueron rechazadas por sus contemporáneos, porque – según ellos– carecían de valor estético.

Existe, entonces, en cada época y para cada sociedad obras comprendidas en el canon literario (conjunto de pautas variables con el tiempo y el lugar que permiten considerar artístico o no un escrito). Las obras que no son incluidas dentro de este conjunto –o que son deliberadamente excluidas– pasan a formar parte de lo que se denomina “literatura marginal”, porque está fuera de las pautas
Los suplementos culturales y las revistas literarias ayudan a formar el canon de una época y de una cultura o región
    aceptadas.

Quienes determinan qué textos forman parte del canon son las instituciones, como las universidades, las editoriales, los críticos literarios y los grupos de escritores.
                                                                                                                                                                    
Actividades:

1-   ¿Qué diferencias existen entre el discurso literario y los otros discursos sociales?

2-   Según lo que hemos hablado y leído, señala las semejanzas entre la literatura y los otros discursos sociales.

3-   ¿Qué relación hay entre la literatura y la ficción? Explica con tus palabras por qué ambos términos pueden ser sinónimos.
4-    Explica en qué consiste el canon literario, ¿lo consideras inamovible?

5-   ¿Cuál es el rol de las instituciones en relación con las obras literarias de cada época?





Funciones del lenguaje

Se denominan funciones del lenguaje aquellas expresiones del mismo que pueden trasmitir las actitudes del emisor (del hablante, en la comunicación oral y del escritor, en la comunicación escrita) frente al proceso comunicativo.

El lenguaje se usa para comunicar una realidad (sea afirmativa, negativa o de posibilidad), un deseo, una admiración, o para preguntar o dar una orden. Según sea como utilicemos las distintas oraciones que expresan dichas realidades, será la función que desempeñe el lenguaje.

  
El lenguaje tiene seis funciones:

1.         Función Emotiva o Expresiva

2.         Función Conativa o Apelativa
3.         Función Referencial
4.         Función Metalingüística
5.         Función Fática
6.         Función Poética



             La función poética y la literatura


La función poética se utiliza preferentemente en la literatura. El acto de comunicación está centrado en el mensaje mismo, en su disposición, en la forma como éste se trasmite. Entre los recursos expresivos utilizados están la rima, la aliteración, etc.

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

(Pablo Neruda, fragmento)


De todas las funciones del lenguaje, la poética es la que caracteriza al discurso literario, dado que lo que lo distingue de otros es la construcción particular del mensaje: el ritmo, ciertas combinaciones de palabras (e incluso de morfemas), el uso connotativo del lenguaje (que permite interpretar los términos en múltiples sentidos y no en uno solo, como los textos científicos, por ejemplo) son algunos de los procedimientos que usa el escritor para trabajar con el material que le provee la lengua. Con ese material discursivo, elabora una obra única, porque se aleja del uso cotidiano del lenguaje, aprovecha la sonoridad de los términos y su capacidad de evocar o de sugerir, no trabaja con el sentido literal de las palabras, sino con todos los sentidos que esa palabra es capaz de disparar en su imaginación y en la del lector.

“[…] si las palabras no tuvieran más que un sentido, el del diccionario, si una segunda lengua no viniera a turbar y a la liberar `las certidumbres del lenguaje’, no habría literatura”.5

El lenguaje es el protagonista a través de una cuidada selección y combinación de las palabras que el escritor realiza y que responden a un sentido preciso que quiere transmitir. Cuando un poeta selecciona una palabra dentro del enorme campo de posibilidades que le da la lengua, lo hace porque sabe que es ese término y no otro el que le permite transmitir una idea, una sensación, un sentimiento.

Lengua común y lengua literaria

Repasemos algunos conceptos básicos.




5  Barthes, Roland: Crítica y verdad. México/, Siglo veintiuno editores, 1985.



Lengua: es un sistema de signos que los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Es un código, un código que conoce cada hablante y que utiliza cada vez que lo necesita (que suele ser muy a menudo). Este código es muy importante para el normal desarrollo de la comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los hablantes de una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.


Lengua común o coloquial: El uso coloquial o lenguaje coloquial es el empleo del lenguaje, de alguna forma, en un contexto informal, familiar y distendido, con vocablos caracterizados por su uso común, frecuente y directo que se alejan de todo tipo de retórica y, en cierta medida, de la norma culta, es llamado también connotación.

Algunos ejemplos del uso coloquial en el idioma español actual son:

"¿Qué pasa, cómo va?"; "¿Hola, cómo estás, qué hay de nuevo?"; "!ay, nada que ver!".

El español coloquial varía mucho en función de los dialectos geográficos del español. El español coloquial es una variante diafásica de la lengua, es decir, no depende de la educación o el nivel sociocultural del hablante, sino que cualquier hablante, en las circunstancias que favorecen la aparición de lo coloquial, lo utiliza. El español coloquial es una variedad fundamentalmente oral, si bien la aparición de medios como el chat o el correo electrónico ha favorecido el desarrollo de una comunicación coloquial escrita. La conversación es el lugar prototípico de uso del registro coloquial.

Lengua literaria: es, básicamente, la lengua escrita estándar en la que se introducen palabras poco usuales (cultismos, voces inusitadas, extranjerismos, arcaísmos, etc.) y que se somete normalmente a una voluntad de forma. Por una parte, tiene muchos rasgos que lo acercan a la lengua escrita culta; pero por otra, es frecuente que aparezcan en él giros coloquiales y hasta vulgares, para producir ciertos efectos expresivos.



  






Como pájaros en el aire

Las manos de mi madre
parecen pájaros en el aire.

historias de cocina

entre sus alas heridas de hambre.

Las manos de mi madre
saben qué ocurre por la mañanas,

cuando amasan la vida
horno de barro, pan de esperanza.

Las manos de mi madre

llegan al patio desde temprano,

todo se vuelve fiesta
cuando ellas juegan junto a otros pájaros...

Junto a los pájaros que aman la vida,

y la construyen con el trabajo,
arde la leña, harina y barro,

lo cotidiano se vuelve mágico,
(…)
Las manos de mi madre
me representan un cielo abierto,

un recuerdo añorado,
trapos calientes en los inviernos.

Ellas se brindan cálidas,

Nobles, sinceras, limpias de todo,
¿cómo serán las manos

del que las mueve gracias al odio?


(Carlos Oscar Carabajal)








Actividades

1-      Escribe ideas acerca de manos. ¿Qué son? ¿Para qué sirven?
2-      Busca en un diccionario las palabras subrayadas del texto. Y escribe las definiciones.
3-       Compara lo que escribiste con los usos metafóricos trabajados durante la clase.
4-      Con tus palabras explica cuál es la diferencia entre lengua común y lengua literaria.
5-      Realiza un esquema que represente las funciones del lenguaje.


¿Para qué leer literatura?

Lee la siguiente declaración realizada por Miquel Desclot.6

Leer para ser mejores

La mayoría de nuestros antepasados fueron analfabetos. Es verdad. Pero no fueron ignorantes. Ellos, simplemente, disponían de otro sistema de almacenamiento y transmisión del saber. A ellos les bastaba la memoria, que hacía las veces de biblioteca, y la transmisión oral, que hacía las veces de lectura. Y, a su manera, no eran menos sabios que nosotros. A su vez, los niños de aquella sociedad analfabeta, pero no ignorante, estaban en contacto permanente con la literatura de tradición oral, ya fuesen canciones, cuentos o adivinanzas, desde su más tierna edad hasta su madurez. No iban a la escuela, pero heredaban un saber secular. No leían, pero escuchaban la literatura que sabían sus mayores, y jugaban todo el día con las canciones y las fórmulas verbales que les había legado la tribu. En el fondo, eran más literarios que los niños alfabetizados de nuestros días. Eso fue así durante siglos, hasta que la cultura escrita fue extendiéndose y las formas de vida moderna, con todos sus sistemas de memoria artificial, acabaron no hace mucho con la tradición oral. Y los niños perdieron el contacto que con tanta naturalidad habían mantenido hasta entonces con la literatura. Es aquí, pues, cuando entra en escena la necesidad de una literatura infantil: entre los cuentos y canciones de tradición oral que todavía se cuentan y cantan a los niños más pequeños hasta la narrativa y la poesía que se escribe para los adultos, nuestra sociedad precisa una literatura infantil que llene este vacío y haga posible una transición natural entre ambos extremos.

Este país ha perdido la sabiduría de transmisión oral hace relativamente poco tiempo, pero todavía no la ha substituido por una generalización de la cultura escrita. De hecho, como seguramente sabréis, España es uno de los países con un índice de lectura más bajo de Europa. No es un índice para enorgullecerse, precisamente. Todo el mundo tendría que luchar para modificar de raíz este estado de cosas que debería preocuparnos tanto como el índice de paro laboral o el índice de crecimiento económico. Los escritores, por supuesto, deben contribuir a ese necesario cambio con una aportación literaria de primera calidad, pero también denunciando y combatiendo las carencias culturales de esta sociedad. Todo el mundo tiene su papel a desempeñar en esta campaña imprescindible.

A la lectura se llega por el placer, es cierto. Empezamos a leer por placer, y de hecho sería deseable que ese placer no nos abandonara nunca. Pero llega un momento en que el placer en sí mismo parece insuficiente y hay que plantearse la lectura como una fuente de conocimiento, que a su vez es una nueva fuente de placer. Leer para gozar, leer para conocer, leer para comprender, leer para crecer como ser humano. Eso es dolorosamente necesario en un país donde la lectura todavía parece un lujo prescindible. Un país que no lee es un país inmaduro, un país donde la gente no sabe dialogar porque no sabe comprender, un país donde la gente se echa los trastos a la cabeza por menos de un quítame allá esas pajas.

Por favor, leed y soñad. Para que el conocimiento nos haga verdaderamente libres y civilizados. El día que las bibliotecas estén más solicitadas que los campos de fútbol, que los telediarios dediquen tanto espacio a los libros como a los goles, que nuestros representantes públicos se sienten a hablar y a escuchar civilizadamente sin insultarse ni despreciarse mutuamente, que la juventud prefiera ir al teatro antes que salir a emborracharse, que la mentira y la corrupción sean perseguidas en todas partes, sea quien sea el que las cometa, que los conflictos no se resuelvan a bombazos ni con abusos de poder, aquel día sí podrá decirse con razón que España va bien




6  Texto que Miquel Desclot, galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por su obra

“Més musica, mestre!”, leyó el 27 de noviembre de 2002 con motivo de la inauguración de la exposición para la campaña de fomento de la lectura del Ministerio de Cultura en la Biblioteca Nacional. (Catalunya, España)






Una de las preguntas que las personas relacionadas con a la literatura se han hecho frecuentemente es “¿Para qué leer literatura?”. En respuesta a este interrogante, el escritor peruano Mario Vargas Llosa sostiene que las ficciones “… se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela, bulle una inconformidad, bulle un deseo”.

Esta idea de oposición entre la finitud del ser humano –no solo por su condición de mortal, sino de limitado– y la necesidad de proyección y trascendencia, también común al hombre, es frecuentemente tomada por teóricos y escritores como el motivo principal que mueve a las personas a leer literatura. La idea de que, a través de la literatura, el lector vive aquello que en la realidad es inaccesible.

Pero, no cualquier lector es capaz de experimentar esa transmutación que lo completa, sino aquel que entiende de la literatura como un juego de pocas reglas, pero ineludibles. La principal: aceptar que, durante el tiempo de la lectura, todo lo leído es posible. El mundo planteado en una novela,

los sentimientos expresados en un poema, las pasiones desatadas en una tragedia deber


aceptadas como verdaderos durante la lectura. Esta es la forma

de “vivir” esas experiencias y de sentir que se es parte de ellas.

El  buen    lector   es   el

que no busca comprobaciones, el que

acepta, olvida todo lo que está fuera del texto y se convierte en parte de la obra. No sólo es destinatario, sino protagonista, porque sale de sí mismo y de su mundo cotidiano y se ubica en el lugar del otro: el personaje. Al mismo tiempo, actúa como coautor cuando penetra en el mundo de ambigüedades y en la multiplicidad de sentidos que el texto presenta y toma partido, dándole, en cada lectura, un sentido. Esta práctica es lo que hace que una obra sea diferente para cada lector e, incluso, que un mismo lector lea de manera distinta una misma obra en dos momentos de su vida. Además, como la literatura está constituida por una larga tradición de obras, cada vez que se lee, el eco de otras lecturas resuena en la mente del lector, y nuevas relaciones y entramados de sentidos se establecen en ella. De allí que un lector competente es aquel que, entrenado, puede anticipar lo que propone el autor, o asombrarse ante el descubrimiento de lo inédito, o desconcertarse ante lo novedoso que plantea y participar activamente de su desciframiento.






Los géneros literarios

Los géneros literarios son técnicas expositivas singulares, ligadas a ciertas leyes de forma y

contenido de carácter histórico o no, a las que se someten las obras literarias. La primera

clasificación  de   los   géneros   literarios


pertenece a Aristóteles, quien los redujo a

tres: épica, lírica y dramática. El primero

ha extendido su significado, al incluir la

novela,  a   la   noción  más   amplia   de

narrativa.    Pero     el    género    se     va

conformando históricamente. Por tanto,

resulta     muchas    veces     difícil   fijar

rígidamente     los     límites     entre      lo

propiamente narrativo o épico-narrativo,

lo lírico o poético y lo dramático o teatral.

Dentro  de   cada   género   surgen   sub-

géneros o géneros menores, algunos de ello

solaente válidos en ciertos momentos históricos.

Género narrativo

La obra narrativa es aquella en la que un narrador, a través de un discurso oral o escrito, relata una historia, destinada a oyentes (como en la epopeya griega o en los cantares de gesta medievales) o lectores (como en la novela moderna).

Sub-géneros narrativos

a)    El cuento: Narración de una acción ficticia, de carácter sencillo y breve extensión, de muy variadas tendencias a través de una rica tradición literaria y popular. En general, el desarrollo narrativo del cuento es rectilíneo, presenta pocos personajes y el proceso del relato privilegia el desenlace.

b)   La novela: Obra en que se narra una acción fingida o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores por medio de la descripción o pintura de sucesos o lances interesante, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Salvo excepciones, la novela propiamente dicha usa la prosa, y a diferencia del cuento, nunca es muy breve. La acción es necesaria en esta obra, pero lo fundamental son los personajes y el mundo ficticio en que ellos viven.

c)    La novela corta (o "nouvelle"): La novela corta se define fundamentalmente como la representación de un acontecimiento, sin la amplitud de la novela normal en el tratamiento de los personajes y de la trama. La acción, el tiempo y el espacio, aparecen de una forma condensada, y presenta un ritmo acelerado en el desarrollo de su trama. Las largas digresiones y descripciones propias de la novela desaparecen en la novela corta, así como los exhaustivos análisis psicológicos de los personajes.





Género dramático


Obra dramática es aquella destinada a ser representada ante espectadores, y que consiste en una acción dialogada representada por personajes (actores) en un espacio (escenografía). Como palabra técnica de la literatura, el concepto de "drama" (del griego δράμα, obrar, actuar) agrupa todas las manifestaciones de obras teatrales, y no debe limitarse a aquellas obras cuyo desenlace es

de carácter catastrófico.

El drama está destinado a la representación ante un público; no puede tener una extensión desmesurada; debe servirse de un vocabulario inteligible; el autor, debe considerar los efectos escénicos que armonizan diálogo y movimiento; debe poner en tensión el ánimo del público, y debe representarse de una sola vez.



Género lírico

Forma poética que expresa los sentimientos, imaginaciones y pensamientos del autor; es la manifestación de su mundo interno y, por tanto, el género poético más subjetivo y personal. El poeta se inspira frecuentemente en la emoción que han provocado en su alma objetos y hechos externos, y también puede interpretar sentimientos colectivos.


Aparición de un nuevo género

Según el teórico español Fernando Gómez Redondo, la aparición de un nuevo género o grupo genérico se produce si se cumplen ciertos requisitos:

Voluntad innovadora por parte del autor y su propuesta de una distinta aproximación formal a la realidad que lo rodea;

Decisión del autor proyectada en la creación de una estructura original desde el punto de vista formal y temático:
Adecuación de la obra a los planteamientos sociales que la hicieron surgir;

Imitación de los procedimientos formales y los hallazgos temáticos por parte de otros autores;
Reconocimiento de los rasgos formales del modelo.





Actividades

1-   Explica por qué los géneros son variables.

2-   ¿Qué condiciones deben cumplirse para la aparición de un nuevo género literario?
3-   ¿Qué hace que una obra literaria pertenezca a un determinado género?
4-   ¿Cuál es la finalidad de la división en géneros?
5-   Señala las características de cada género literario.



[1] SONIA THON: El texto narrativo como discurso social: una perspectiva histórica. En: AIH. Actas XII (1995).

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