LITERATURA
LATINOAMERICANA
UNIDAD 1
La
literatura como discurso social
El texto
narrativo ha sido considerado a través de los siglos como revelación divina,
manifestación
ideológica, creación artística con fines
moralizantes, instrumento de crítica
social o de adoctrinamiento político, documento histórico, y - entre otras
cosas - registro social. Se le asignó valor literario cuando respondía al canon
de literariedad establecido por los eruditos clásicos y, pasando por el
experimentalismo y la literatura popular, se hizo presente en la relevancia de
una lista de compras o de una guía telefónica.
Enfocado en uno u otro ángulo, el texto narrativo siempre reveló un aspecto
de la realidad humana a través del lenguaje, y lo hizo acudiendo a rigurosas
reglas de composición o a la sublevación de las mismas. El ir y venir de
corrientes literarias, su aceptación y rechazo subsiguientes, dejaron una
huella muy honda
en la demarcación de géneros y disciplinas críticas que consideraron el texto
narrativo una entidad literaria cuyo significado se recreaba por medio del
lenguaje, se descubría identificando estructuras lingüísticas, o se analizaba
estilísticamente siguiendo las pautas trazadas por la poética tradicional. Sólo
aquello que encajaba dentro de la definición dada a la literatura constituía el
texto narrativo; el resto pasaba al terreno de la sub-clasificación,
subliteratura, texto escrito desvinculado de la experiencia humana total.
Esta
fragmentación, que perdía de vista el complejo social representado, está siendo
cuestionada. Y lo que se veía como disciplina autónoma, se va integrando para
dar una visión más completa de la dinámica social a través del lenguaje, presentado
con su carga de variables ideológicas, normas, y valores sociales.
El
concepto “literatura” usado por Lukácz, es paralelo al concepto 'sociedad'.
Ambos abarcan una totalidad, una 'estructura dinámica significante' como
producto de los constantes cambios que sufre la sociedad en el plano
geográfico, político, socioeconómico ideológico. La continua y constante carga
que incluye todos esos cambios es expresada en el texto a través del lenguaje,
que responde precisamente a lo que Goldmann llamó 'visión del mundo,' una
especie de “conciencia colectiva de grupo” que otorga una identidad colectiva.[1]
La
literatura como discurso social se separa de otros discursos (histórico,
político, periodístico, científico, etc.) por su relación con lo ficcional. En este
sentido, los textos literarios tienen como finalidad exponer una imagen del
mundo presente en un momento histórico determinado.
Por
otra parte, la literatura también se diferencia de los otros discursos sociales
por la preeminencia de la función
poética del lenguaje, que hace hincapié en la construcción del mensaje,
mediante una cuidada selección y una especial combinación de
las palabras. Reconocer la literatura como un tipo de discurso que se
diferencia de otros por una serie de rasgos particulares es nuestro objetivo al
cursas esta cátedra. Por eso, contiene una introducción en los conceptos
básicos y en las herramientas teóricas para el análisis literario.
La
ficción y la literatura
La
especificidad de la ficción es su relación con la verdad. A los escritores les
interesa trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan la verdad y la ficción
porque se debe entender que “no hay campo propio de la ficción” ya todo se puede
ficcionalizar. La ficción trabaja con la creencia y, en este sentido conduce a
eso que llamamos “ideología”, a los modelos convencionales de la realidad y a
las convenciones que hacen que un texto sea verdadero o ficticio. La realidad
está tejida de ficciones.
La literatura,
entonces, es un espacio fragmentado donde circulan, se cruzan, se entrelazan
distintas voces, y son estas voces las que son sociales. La literatura no es
“esencia” sino “efecto” de lo social.
Realidad
y ficción
El
término “Realidad” recubre distintas acepciones: real, hecho de existir, el
mundo real, lo que existe, lo efectivo y práctico; pone de manifiesto la idea
de ver ad. Tocante a la “Ficción”, encierra dos términos muy variados: mimesis,
verosimilitud e imaginación. De esta manera, definir la ficción es una forma de
definir también la literatura, o sea, contestar a la pregunta: ¿qué es la
literatura? La literatura es ficción. Esta respuesta es la definición
estructural de la literatura dado que el texto literario no se somete a la
prueba de verdad, es decir, ni verdadero ni falso, sino ficcional. A este
respecto Tzvetan Todorov escribe: “El
arte es una imitación, diferente según el material que se utiliza; la
literatura es imitación por el lenguaje, así como la pintura es imitación por
la imagen. Específicamente, no es cualquier imitación, porque no se imitan las
cosas reales sino las ficticias, que no necesitan haber existido”3
La
noción de ficción ligada a la de la literatura significa que las frases
literarias no aluden obligatoriamente a acciones reales. René Wellek en la
misma perspectiva opina sobre la “naturaleza de la literatura” y deduce que “en
las obras más literarias, uno se refiere a un mundo de ficción, de imaginación.
Las aserciones de una novela, de un poema o de una obra de teatro no son
literalmente verdaderas; no son proposiciones lógicas. Y ahí está el rasgo
distintivo de la literatura; esto es, la ficcionalidad.”4
El
propósito de los textos literarios no es mostrar la realidad tal cual es, sino
de representar, por medio de la palabra, una percepción posible y peculiar del
mundo.
En
este sentido, la ficción —propia de la literatura— equivale a una imagen
de la realidad que un tiempo histórico determinado propone para definir los
ideales o para destacar los problemas o la decadencia moral y plantear los
principios que deben modificarse.
Puede decirse
que, por ejemplo, un libro de Historia trata sobre sucesos o procesos que han
ocurrido efectivamente en un tiempo y en un espacio precisos en el que han
vivido personas cuya existencia real es indiscutible. En esos textos, el acento
está puesto en el referente, y en calidad depende del grado de fidelidad a él.
Contrariamente, la literatura, por ser un hecho artístico, transforma la
realidad y la ficcionaliza. Los objetos a los que se refiere existen solamente
en el texto, y en lugar de personas, la obra literaria cuenta con
personajes, creaciones de ficción que pueden ser (o no) parecidas a las
existentes, pero que nunca llegan a serlo. El valor de la literatura radica en
el modo de representación de la realidad y no en la fidelidad a lo
representado, es decir que la literatura se aprecia no por la
verdad de lo que se dice, sino por la calidad estética con que se
lo hace.
2 Cfr.
PIGLIA, Ricardo. Crítica y ficción. Buenos Aires, Seix Barral, 2000.
3
TODOROV, Tzvetan : Littérature et signification. Paris: Larousse,1967, pág. 364
4
Wellek en Todorov, 1967: 359.
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El canon
literario
Como surge de lo anterior, los textos
literarios son productos humanos realizados mediante palabras que tienen una
finalidad estética. Si bien esta idea parece definir la literatura, hay que
tener en cuenta que no siempre a lo largo de la historia la concepción sobre lo
que es literatura fue la misma. En este sentido, muchas obras literarias que,
en la actualidad, son consideradas “maestras” fueron rechazadas por sus
contemporáneos, porque – según ellos– carecían de valor estético.
Existe,
entonces, en cada época y para cada sociedad obras comprendidas en el canon
literario (conjunto de pautas variables con el tiempo y el lugar que
permiten considerar artístico o no un escrito). Las obras que no son incluidas
dentro de este conjunto –o que son deliberadamente excluidas– pasan a formar
parte de lo que se denomina “literatura marginal”, porque está fuera de
las pautas
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Los suplementos culturales y las
revistas literarias ayudan a formar el canon de una época y de una cultura o
región
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aceptadas.
Quienes determinan qué textos forman
parte del canon son las instituciones, como las universidades, las editoriales,
los críticos literarios y los grupos de escritores.
Actividades:
1- ¿Qué diferencias existen entre el discurso
literario y los otros discursos sociales?
2- Según lo que hemos hablado y leído, señala
las semejanzas entre la literatura y los otros discursos sociales.
3- ¿Qué relación hay entre la literatura y la
ficción? Explica con tus palabras por qué ambos términos pueden ser sinónimos.
4- Explica en qué consiste el canon literario,
¿lo consideras inamovible?
5- ¿Cuál es el rol de las instituciones en
relación con las obras literarias de cada época?
Funciones
del lenguaje
Se
denominan funciones del lenguaje aquellas expresiones del mismo que pueden
trasmitir las actitudes del emisor (del hablante, en la comunicación oral y del
escritor, en la comunicación escrita) frente al proceso comunicativo.
El
lenguaje se usa para comunicar una realidad (sea afirmativa, negativa o de
posibilidad), un deseo, una admiración, o para preguntar o dar una orden. Según
sea como utilicemos las distintas oraciones que expresan dichas realidades,
será la función que desempeñe el lenguaje.
El lenguaje tiene seis funciones:
1.
Función Emotiva o Expresiva
2.
Función Conativa o Apelativa
3.
Función Referencial
4.
Función Metalingüística
5.
Función Fática
6.
Función Poética
La función
poética se utiliza preferentemente en la literatura. El acto de
comunicación está centrado en el mensaje mismo, en su disposición, en la forma
como éste se trasmite. Entre los recursos expresivos utilizados están la rima,
la aliteración, etc.
“Puedo escribir los versos más tristes
esta noche.
Escribir, por ejemplo: "La noche
está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo
lejos."
(Pablo Neruda, fragmento)
De
todas las funciones del lenguaje, la poética es la que caracteriza al discurso
literario, dado que lo que lo distingue de otros es la construcción particular
del mensaje: el ritmo, ciertas combinaciones de palabras (e incluso de
morfemas), el uso connotativo del lenguaje (que permite interpretar los
términos en múltiples sentidos y no en uno solo, como los textos científicos,
por ejemplo) son algunos de los procedimientos que usa el escritor para
trabajar con el material que le provee la lengua. Con ese material discursivo,
elabora una obra única, porque se aleja del uso cotidiano del lenguaje,
aprovecha la sonoridad de los términos y su capacidad de evocar o de sugerir,
no trabaja con el sentido literal de las palabras, sino con todos los sentidos
que esa palabra es capaz de disparar en su imaginación y en la del lector.
“[…] si las
palabras no tuvieran más que un sentido, el del diccionario, si una segunda
lengua no viniera a turbar y a la liberar `las certidumbres del lenguaje’, no
habría literatura”.5
El
lenguaje es el protagonista a través de una cuidada selección y combinación de
las palabras que el escritor realiza y que responden a un sentido preciso que
quiere transmitir. Cuando un poeta selecciona una palabra dentro del enorme
campo de posibilidades que le da la lengua, lo hace porque sabe que es ese término
y no otro el que le permite transmitir una idea, una sensación, un sentimiento.
Lengua
común y lengua literaria
Repasemos algunos conceptos básicos.
5 Barthes,
Roland: Crítica y verdad. México/, Siglo veintiuno editores,
1985.
Lengua: es un sistema de signos que
los hablantes aprenden y retienen en su memoria. Es un código, un código
que conoce cada hablante y que utiliza cada vez que lo necesita (que suele ser
muy a menudo). Este código es muy importante para el normal desarrollo de la
comunicación entre las personas, pues el hecho de que todos los hablantes de
una lengua lo conozcan es lo que hace que se puedan comunicar entre sí.
Lengua común o coloquial: El uso coloquial o lenguaje coloquial
es el empleo del lenguaje, de alguna forma, en un contexto informal,
familiar y distendido, con vocablos caracterizados por su uso común, frecuente
y directo que se alejan de todo tipo de retórica y, en cierta medida, de la
norma culta, es llamado también connotación.
Algunos ejemplos del uso
coloquial en el idioma español actual son:
"¿Qué pasa, cómo va?";
"¿Hola, cómo estás, qué hay de nuevo?"; "!ay, nada que
ver!".
El
español coloquial varía mucho en función de los dialectos geográficos del
español. El español coloquial es una variante diafásica de la lengua, es decir,
no depende de la educación o el nivel sociocultural del hablante, sino que
cualquier hablante, en las circunstancias que favorecen la aparición de lo
coloquial, lo utiliza. El español coloquial es una variedad fundamentalmente
oral, si bien la aparición de medios como el chat o el correo
electrónico ha favorecido el desarrollo de una comunicación coloquial escrita.
La conversación es el lugar prototípico de uso del registro coloquial.
Lengua
literaria: es,
básicamente, la lengua escrita estándar en la que se introducen palabras poco
usuales (cultismos, voces inusitadas, extranjerismos, arcaísmos, etc.) y
que se somete normalmente a una voluntad de forma. Por una parte, tiene muchos
rasgos que lo acercan a la lengua escrita culta; pero por otra, es frecuente
que aparezcan en él giros coloquiales y hasta vulgares, para producir ciertos
efectos expresivos.


Como pájaros en el aire
Las manos de mi madre
parecen
pájaros en el aire.
historias de cocina
entre sus alas
heridas de hambre.
Las manos de mi madre
saben
qué ocurre por la mañanas,
cuando amasan la vida
horno
de barro,
pan de esperanza.
Las manos de mi madre
llegan al patio desde
temprano,
todo se vuelve fiesta
cuando
ellas juegan junto a otros pájaros...
Junto a los pájaros que aman
la vida,
y la construyen con el
trabajo,
arde
la leña, harina y barro,
lo cotidiano se vuelve
mágico,
(…)
Las manos de mi madre
me
representan un cielo abierto,
un recuerdo añorado,
trapos calientes en los inviernos.
Ellas se brindan cálidas,
Nobles, sinceras, limpias de
todo,
¿cómo
serán las manos
del que las mueve gracias al
odio?
(Carlos Oscar Carabajal)
Actividades
1-
Escribe ideas acerca de manos. ¿Qué son? ¿Para qué sirven?
2-
Busca en un diccionario las palabras subrayadas del texto. Y escribe
las definiciones.
3-
Compara lo que escribiste con
los usos metafóricos trabajados durante la clase.
4-
Con tus palabras explica cuál es la diferencia entre lengua común y
lengua literaria.
5-
Realiza un esquema que represente las funciones del lenguaje.
¿Para qué
leer literatura?
Lee la siguiente declaración realizada
por Miquel Desclot.6

Leer para ser mejores
La
mayoría de nuestros antepasados fueron analfabetos. Es verdad. Pero no fueron
ignorantes. Ellos, simplemente, disponían de otro sistema de almacenamiento y
transmisión del saber. A ellos les bastaba la memoria, que hacía las veces de biblioteca,
y la transmisión oral, que hacía las veces de lectura. Y, a su manera, no eran
menos sabios que nosotros. A su vez, los niños de aquella sociedad analfabeta,
pero no ignorante, estaban en contacto permanente con la literatura de
tradición oral, ya fuesen canciones, cuentos o adivinanzas, desde su más tierna
edad hasta su madurez. No iban a la escuela, pero heredaban un saber secular.
No leían, pero escuchaban la literatura que sabían sus mayores, y jugaban todo
el día con las canciones y las fórmulas verbales que les había legado la tribu.
En el fondo, eran más literarios que los niños alfabetizados de nuestros días.
Eso fue así durante siglos, hasta que la cultura escrita fue extendiéndose y
las formas de vida moderna, con todos sus sistemas de memoria artificial,
acabaron no hace mucho con la tradición oral. Y los niños perdieron el contacto
que con tanta naturalidad habían mantenido hasta entonces con la literatura. Es
aquí, pues, cuando entra en escena la necesidad de una literatura infantil: entre
los cuentos y canciones de tradición oral que todavía se cuentan y cantan a los
niños más pequeños hasta la narrativa y la poesía que se escribe para los
adultos, nuestra sociedad precisa una literatura infantil que llene este vacío
y haga posible una transición natural entre ambos extremos.
Este país ha
perdido la sabiduría de transmisión oral hace relativamente poco tiempo, pero
todavía no la ha substituido por una generalización de la cultura escrita. De
hecho, como seguramente sabréis, España es uno de los países con un índice de
lectura más bajo de Europa. No es un índice para enorgullecerse, precisamente.
Todo el mundo tendría que luchar para modificar de raíz este estado de cosas
que debería preocuparnos tanto como el índice de paro laboral o el índice de
crecimiento económico. Los escritores, por supuesto, deben contribuir a ese
necesario cambio con una aportación literaria de primera calidad, pero también
denunciando y combatiendo las carencias culturales de esta sociedad. Todo el
mundo tiene su papel a desempeñar en esta campaña imprescindible.
A
la lectura se llega por el placer, es cierto. Empezamos a leer por placer, y de
hecho sería deseable que ese placer no nos abandonara nunca. Pero llega un
momento en que el placer en sí mismo parece insuficiente y hay que plantearse
la lectura como una fuente de conocimiento, que a su vez es una nueva fuente de
placer. Leer para gozar, leer para conocer, leer para comprender, leer para
crecer como ser humano. Eso es dolorosamente necesario en un país donde la
lectura todavía parece un lujo prescindible. Un país que no lee es un país
inmaduro, un país donde la gente no sabe dialogar porque no sabe comprender, un
país donde la gente se echa los trastos a la cabeza por menos de un quítame
allá esas pajas.
Por favor, leed y
soñad. Para que el conocimiento nos haga verdaderamente libres y civilizados.
El día que las bibliotecas estén más solicitadas que los campos de fútbol, que
los telediarios dediquen tanto espacio a los libros como a los goles, que nuestros
representantes públicos se sienten a hablar y a escuchar civilizadamente sin
insultarse ni despreciarse mutuamente, que la juventud prefiera ir al teatro
antes que salir a emborracharse, que la mentira y la corrupción sean
perseguidas en todas partes, sea quien sea el que las cometa, que los
conflictos no se resuelvan a bombazos ni con abusos de poder, aquel día sí
podrá decirse con razón que España va bien
6 Texto que
Miquel Desclot, galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil
por su obra
“Més musica, mestre!”, leyó el 27 de noviembre de 2002 con motivo de
la inauguración de la exposición para la campaña de fomento de la lectura del
Ministerio de Cultura en la Biblioteca Nacional. (Catalunya, España)
Una
de las preguntas que las personas relacionadas con a la literatura se han hecho
frecuentemente es “¿Para qué leer literatura?”. En respuesta a este
interrogante, el escritor peruano Mario Vargas Llosa sostiene que las ficciones
“… se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las
vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela, bulle una
inconformidad, bulle un deseo”.
Esta
idea de oposición entre la finitud del ser humano –no solo por su condición de
mortal, sino de limitado– y la necesidad de proyección y trascendencia, también
común al hombre, es frecuentemente tomada por teóricos y escritores como el
motivo principal que mueve a las personas a leer literatura. La idea de que, a
través de la literatura, el lector vive aquello que en la realidad
es inaccesible.
Pero,
no cualquier lector es capaz de experimentar esa transmutación que lo completa,
sino aquel que entiende de la literatura como un juego de pocas reglas, pero
ineludibles. La principal: aceptar que, durante el tiempo
de la lectura, todo lo leído es posible. El mundo planteado en una
novela,
los sentimientos expresados en un
poema, las pasiones desatadas en una tragedia deber
aceptadas como
verdaderos durante la lectura. Esta es la forma
de “vivir” esas
experiencias y de sentir que se es parte de ellas.
El buen lector es el
que no busca comprobaciones,
el que
acepta,
olvida todo lo que está fuera del texto y se convierte en parte de la obra. No sólo es destinatario,
sino protagonista, porque sale de sí mismo y de su mundo cotidiano y se ubica
en el lugar del otro: el personaje. Al mismo tiempo, actúa como coautor cuando
penetra en el mundo de ambigüedades y en la multiplicidad de sentidos que el
texto presenta y toma partido, dándole, en cada lectura, un sentido. Esta
práctica es lo que hace que una obra sea diferente para cada lector e, incluso,
que un mismo lector lea de manera distinta una misma obra en dos momentos de su
vida. Además, como la literatura está constituida por una larga tradición de
obras, cada vez que se lee, el eco de otras lecturas resuena en la mente del
lector, y nuevas relaciones y entramados de sentidos se establecen en ella. De
allí que un lector competente es aquel que, entrenado, puede anticipar lo que
propone el autor, o asombrarse ante el descubrimiento de lo inédito, o
desconcertarse ante lo novedoso que plantea y participar activamente de su
desciframiento.
Los
géneros literarios
Los géneros
literarios son técnicas expositivas singulares, ligadas a ciertas leyes de
forma y
contenido de carácter
histórico o no, a las que se someten las obras literarias. La primera
clasificación de los géneros literarios
pertenece a Aristóteles,
quien los redujo a
tres: épica, lírica y
dramática. El primero
ha extendido su significado,
al incluir la
novela, a la noción más amplia de
narrativa. Pero el género se va
conformando históricamente.
Por tanto,
resulta muchas veces difícil fijar
rígidamente los límites entre lo
propiamente narrativo o
épico-narrativo,
lo lírico o poético y lo
dramático o teatral.
Dentro de cada género surgen sub-
géneros o géneros menores,
algunos de ello
solaente válidos en ciertos
momentos históricos.
Género
narrativo
La obra narrativa es aquella en la que un narrador, a través de un
discurso oral o escrito, relata una historia, destinada a oyentes (como en la epopeya griega o
en los cantares de gesta medievales) o lectores (como en la
novela moderna).
Sub-géneros narrativos
a)
El cuento: Narración de una acción ficticia, de carácter sencillo y breve
extensión, de muy variadas tendencias a través de una rica tradición literaria
y popular. En general, el desarrollo narrativo del cuento es rectilíneo,
presenta pocos personajes y el proceso del relato privilegia el desenlace.
b)
La novela: Obra en que se narra una acción fingida o en parte, y cuyo fin es
causar placer estético a los lectores por medio de la descripción o pintura de
sucesos o lances interesante, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Salvo
excepciones, la novela propiamente dicha usa la prosa, y a diferencia del
cuento, nunca es muy breve. La acción es necesaria en esta obra, pero lo
fundamental son los personajes y el mundo ficticio en que ellos viven.
c)
La novela corta (o "nouvelle"): La novela corta se define
fundamentalmente como la representación de un acontecimiento, sin la amplitud
de la novela normal en el tratamiento de los personajes y de la trama. La
acción, el tiempo y el espacio, aparecen de una forma condensada, y presenta un
ritmo acelerado en el desarrollo de su trama. Las largas digresiones y
descripciones propias de la novela desaparecen en la novela corta, así como los
exhaustivos análisis psicológicos de los personajes.
Género dramático
Obra dramática
es aquella destinada a ser representada ante espectadores, y que consiste en
una acción dialogada representada por personajes (actores) en un espacio
(escenografía). Como palabra técnica de la literatura, el concepto de "drama"
(del griego δράμα, obrar, actuar) agrupa todas las manifestaciones de obras
teatrales, y no debe limitarse a aquellas obras cuyo desenlace es
de carácter catastrófico.
El
drama está destinado a la representación ante un público; no puede tener una
extensión desmesurada; debe servirse de un vocabulario inteligible; el autor,
debe considerar los efectos escénicos que armonizan diálogo y movimiento; debe
poner en tensión el ánimo del público, y debe representarse de una sola vez.
Género
lírico
Forma poética que expresa los sentimientos, imaginaciones y
pensamientos del autor; es la manifestación de su mundo interno y, por tanto, el
género poético más subjetivo y personal. El poeta se inspira frecuentemente en
la emoción que han provocado en su alma objetos y hechos externos, y también
puede interpretar sentimientos colectivos.
Aparición
de un nuevo género
Según el teórico
español Fernando Gómez Redondo, la aparición de un nuevo género o grupo
genérico se produce si se cumplen ciertos requisitos:
Voluntad innovadora por parte del autor
y su propuesta de una distinta aproximación formal a la realidad que lo rodea;
Decisión del autor proyectada en la
creación de una estructura original desde el punto de vista formal y temático:
Adecuación de la obra a los
planteamientos sociales que la hicieron surgir;
Imitación de los procedimientos
formales y los hallazgos temáticos por parte de otros autores;
Reconocimiento de los rasgos formales
del modelo.
Actividades
1- Explica por qué los géneros son variables.
2- ¿Qué condiciones deben cumplirse para la aparición de un nuevo género
literario?
3- ¿Qué hace que una obra literaria pertenezca a un determinado
género?
4- ¿Cuál es la finalidad de la división en géneros?
5- Señala las características de cada género literario.
[1] SONIA THON: El texto narrativo como discurso
social: una perspectiva histórica. En: AIH. Actas XII (1995).

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